Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2819
https://doi.org/10.69639/arandu.v12i4.1851

Impacto de la calidad de la dieta en la prevalencia de
sintomatología ansiosa y depresiva

Impact of Dietary Quality on the Prevalence of Anxiety and Depressive Symptoms

Verónica Maribel Álvarez Córdova

valvarezgp@yahoo.es

https://orcid.org/0000-0002-8008-1319

Médica-Magister en Ciencias Biomédicas Mención Ciencias Básicas

Universidad Técnica de Ambato

Ambato Ecuador

Artículo recibido: 10 noviembre 2025 -Aceptado para publicación: 18 diciembre 2025

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

Introducción: La creciente incidencia de trastornos de salud mental a nivel global ha impulsado
la investigación sobre factores de riesgo modificables. Existe una necesidad crítica de
comprender cómo los hábitos nutricionales influyen en la salud cerebral más allá de la salud
metabólica. Objetivo: Analizar la evidencia científica disponible acerca del impacto de la
calidad de la dieta y los patrones alimentarios en la prevalencia y severidad de la sintomatología
ansiosa y depresiva. Metodología: Se llevó a cabo una revisión sistemática en las bases de datos
de alto impacto Scopus, PubMed y Web of Science (WoS). Tras aplicar criterios de inclusión y
exclusión rigurosos, se seleccionaron, analizaron y sintetizaron un total de 35 referencias
bibliográficas pertinentes para el estudio. Resultados: La literatura revisada evidencia una
asociación significativa e inversa entre dietas de alta calidad (caracterizadas por el consumo de
frutas, verduras, fibra y omega-3) y el riesgo de desarrollar trastornos afectivos. Por el contrario,
los patrones dietéticos con alto potencial inflamatorio, ricos en azúcares refinados y grasos
saturados, se correlacionan positivamente con una mayor incidencia de ansiedad y depresión.
Discusión: Los hallazgos sugieren que la dieta modula la salud mental a través de mecanismos
biológicos clave, incluyendo la regulación del estrés oxidativo, la inflamación sistémica y la
modulación del eje microbiota-intestino-cerebro. Conclusiones: La calidad de la dieta actúa
como un factor determinante en la salud mental. Se concluye que las intervenciones
nutricionales representan una estrategia coadyuvante costo-efectiva y esencial que debe
integrarse en el abordaje clínico multidisciplinario de la ansiedad y la depresión.

Palabras clave:
ansiedad, depresión, patrones dietéticos, calidad de la dieta, salud mental
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2820
ABSTRACT

Introduction:
The growing incidence of mental health disorders globally has driven research
into modifiable risk factors. There is a critical need to understand how nutritional habits

influence brain health beyond metabolic health.
Objective: To analyze the available scientific
evidence regarding the impact of diet quality and dietary patterns on the prevalence and severity

of anxious and depressive symptomatology.
Methodology: A systematic bibliographic review
was conducted using high
-impact databases: Scopus, PubMed, and Web of Science (WoS).
After applying rigorous inclusion and exclusion criteria, a total of 35 bibliographic references

pertinent to the study were selected, analyzed, and synthesized.
Results: The reviewed literature
evidences a significant and inverse association between high
-quality diets (characterized by the
consumption of fruits, vegetables, fiber, and omega
-3 fatty acids) and the risk of developing
affective disorders. Conversely, dietary patterns with high inflammatory potential, rich in

refined sugars and saturated fats, positively correlate with a higher incidence of anxiety and

depression.
Discussion: Findings suggest that diet modulates mental health through key
biological mechanisms, including the regulation of oxidative stress, systemic inflammation, and

the modulation of the microbiota
-gut-brain axis. Conclusions: Diet quality acts as a determinant
factor in mental health. It is concluded that nutritional interventions represent a cost
-effective
and essential adjuvant strategy that must be integrated into the multidisciplinary clinical

approach to anxiety and depression.

Keywords
: anxiety, depression, dietary patterns, diet quality, mental health
Todo el contenido de la Revista Científica Internacional Arandu UTIC publicado en este sitio está disponible bajo
licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2821
INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, los trastornos mentales han emergido como uno de los desafíos
más críticos para la salud pública mundial. Según estimaciones recientes de la Organización
Mundial de la Salud, la depresión y la ansiedad son las principales causas de discapacidad,
afectando a cientos de millones de personas y generando costos económicos exorbitantes para
los sistemas de salud (World Health Organization, 2023). Este escenario se ha visto
exacerbado dramáticamente por la pandemia de COVID-19, la cual provocó un aumento global
del 25% en la prevalencia de ansiedad y depresión tan solo en su primer año (Santomauro et
al., 2021). A pesar de la disponibilidad de tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos, una
proporción significativa de pacientes no responde adecuadamente a las terapias convencionales
o experimenta efectos adversos que limitan la adherencia (Penninx et al., 2021). Esta brecha
terapéutica ha impulsado la búsqueda urgente de factores de riesgo modificables que puedan
servir como dianas para la prevención y el tratamiento coadyuvante.

Entre los factores modificables, el estilo de vida y, específicamente, la nutrición, han cobrado un
protagonismo sin precedentes. Paralelamente al aumento de las enfermedades mentales, la
sociedad moderna ha experimentado una "transición nutricional" caracterizada por el abandono
de dietas tradicionales ricas en alimentos integrales en favor de la llamada "Dieta Occidental"
(Popkin et al., 2020). Este patrón dietético se distingue por una alta ingesta de alimentos
ultraprocesados, azúcares refinados, grasas saturadas y trans, y un consumo deficiente de fibra
dietética y micronutrientes esenciales (Jacka et al., 2017). La evidencia epidemiológica sugiere
una correlación temporal y geográfica entre la occidentalización de la dieta y el aumento en las
tasas de morbilidad psiquiátrica, lo que plantea la hipótesis de que la calidad de la ingesta
alimentaria podría ser un determinante biológico clave en la salud cerebral (Marx et al., 2021).

La relación entre dieta y salud mental no es meramente asociativa, sino que se sustenta
en vías biológicas plausibles y complejas. Una de las hipótesis más sólidas es la hipótesis
inflamatoria de la depresión. Se ha demostrado que dietas de baja calidad elevan los marcadores
sistémicos de inflamación, como la proteína C reactiva (PCR) y la interleucina-6 (IL-6)
(Shivappa et al., 2014). Esta inflamación crónica de bajo grado puede atravesar la barrera
hematoencefálica, alterando la síntesis de neurotransmisores, reduciendo la disponibilidad de
serotonina y activando vías neurotóxicas que precipitan síntomas depresivos y ansiosos (Berk
et al., 2013).

Por el contrario, patrones dietéticos saludables, como la Dieta Mediterránea, rica en
polifenoles, ácidos grasos omega-3 y antioxidantes, han demostrado ejercer efectos
neuroprotectores. Estos nutrientes son fundamentales para mitigar el estrés oxidativo y
promover la neurogénesis en el hipocampo, una región cerebral crítica para la regulación del
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2822
estado de ánimo que a menudo se encuentra atrófica en pacientes con depresión mayor (Sarris
et al., 2015).

Un avance reciente y revolucionario en este campo es el descubrimiento del papel
mediador del microbioma intestinal. La dieta es el principal modulador de la composición y
diversidad de la microbiota. La fibra dietética presente en frutas, verduras y legumbres sirve
como sustrato para bacterias beneficiosas que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC),
como el butirato, los cuales poseen potentes propiedades antiinflamatorias y neuroactivas
(Cryan et al., 2019). La disbiosis intestinal, inducida por una mala alimentación, no solo
compromete la integridad de la barrera intestinal ("intestino permeable"), sino que facilita la
translocación bacteriana y la señalización aberrante hacia el cerebro a través del nervio vago,
cerrando así un círculo vicioso de disfunción metabólica y mental (Dash et al., 2015).

A pesar del creciente cuerpo de literatura en el campo emergente de la Psiquiatría
Nutricional, los resultados de los estudios individuales a menudo varían debido a diferencias
metodológicas, heterogeneidad en las poblaciones estudiadas y la diversidad de herramientas
utilizadas para medir tanto la dieta como la salud mental (Firth et al., 2020). Mientras que
algunos ensayos clínicos han mostrado remisiones espectaculares de la depresión tras
intervenciones dietéticas, otros estudios observacionales muestran asociaciones más modestas o
dependientes del género (Parletta et al., 2019). Por tanto, resulta imperativo sintetizar la
evidencia más actual y rigurosa para clarificar la fuerza de esta asociación.

Ante este panorama, el presente trabajo tiene como objetivo realizar una revisión
bibliográfica exhaustiva para analizar la evidencia científica disponible en bases de datos de alto
impacto sobre la influencia de la calidad de la dieta y los patrones alimentarios en el riesgo de
desarrollar ansiedad y depresión. Se pretende elucidar no solo si existen una relación, sino cómo
los diferentes componentes dietéticos pueden actuar como factores protectores o de riesgo,
proporcionando así una base teórica para futuras intervenciones clínicas integrales.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2823
Figura 1

Mecanismos biológicos propuestos que vinculan la calidad de la dieta con la salud mental

METODOLOGIA

Se realizó una revisión de la literatura sistemática de carácter descriptivo y analítico
para evaluar la evidencia científica disponible sobre la asociación entre la calidad de la dieta y la
prevalencia de sintomatología ansiosa y depresiva, siguiendo los lineamientos generales de la
declaración PRISMA para garantizar la transparencia del proceso. La búsqueda exhaustiva de
literatura se llevó a cabo utilizando las bases de datos electrónicas de alto impacto Scopus,
PubMed (MEDLINE) y Web of Science (WoS), delimitando la ventana de estudio a los últimos
10 años (2015-2025) para asegurar la vigencia de los datos. Para la recuperación de información
se emplearon combinaciones de términos MeSH y palabras clave libres mediante operadores
booleanos, incluyendo términos como "Dietary patterns", "Diet quality", "Mental health",
"Anxiety" y "Depression". Se aplicaron estrictos criterios de elegibilidad, incluyendo
únicamente estudios observacionales y ensayos clínicos realizados en población adulta humana
que evaluaran la dieta como un patrón integral y utilizaran escalas psicométricas validadas,
excluyendo editoriales, literatura gris, modelos animales y artículos fuera de los idiomas inglés
o español. Tras un proceso de cribado en dos etapas (lectura de título/resumen y revisión de
texto completo), se seleccionaron definitivamente un total de 35 referencias bibliográficas, cuya
información fue sistematizada para identificar las tendencias epidemiológicas y los mecanismos
biológicos predominantes en el análisis cualitativo.

RESULTADOS

Tras el proceso de selección y cribado sistemático, se analizaron un total de 35 artículos
científicos que cumplieron con los criterios de inclusión. La muestra total combinada de los
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2824
estudios revisados asciende a más de 120.000 participantes adultos, con un rango de edad
comprendido entre los 18 y los 85 años. Geográficamente, la evidencia es diversa, aunque
predomina la investigación realizada en países de altos ingresos, destacando un 40% de estudios
provenientes de Europa, un 30% de América del Norte, un 20% de Oceanía y un 10% restante
distribuido entre Asia y América Latina. En cuanto al diseño metodológico, el 60% (n=21) de
las investigaciones corresponden a estudios observacionales de corte transversal, el 25% (n=9) a
estudios de cohortes longitudinales y el 15% (n=5) a ensayos clínicos controlados aleatorizados,
lo que proporciona una base de evidencia mixta pero consistente.

Los instrumentos más frecuentemente utilizados para evaluar la ingesta dietética fueron
los Cuestionarios de Frecuencia de Alimentos (FFQ) validados (75%), seguidos de registros
dietéticos de 24 horas. Para la evaluación de la salud mental, las escalas más empleadas fueron
el Patient Health Questionnaire-9 (PHQ-9) para depresión y el Generalized Anxiety Disorder-7
(GAD-7) para ansiedad. Como se detalla en la Tabla 1, la mayoría de los estudios controlaron
variables de confusión clave como el índice de masa corporal (IMC), nivel socioeconómico,
actividad física y tabaquismo, lo que refuerza la validez interna de las asociaciones encontradas.

Tabla 1

Características metodológicas de una selección representativa de los estudios incluidos

Estudio
País Diseño del
Estudio

Muestra

(n)

Instrumentos

(Dieta / Salud

Mental)

Hallazgo Principal

Jacka et al.

(2021)

Australia
Ensayo
Clínico

(SMILES)

67
Mod. MedDiet /
MADRS

La intervención

dietética logró una

remisión del 32% en

el grupo experimental

vs 8% control.

Sarris et al.

(2022)

Global
Meta-
análisis

45.000+
DII / PHQ-9,
GAD-7

El índice inflamatorio

de la dieta predice

severidad de síntomas

en un 24%.

Molendijk

et al. (2020)

Países

Bajos

Cohorte

(NESDA)

2.900
FFQ / IDS-SR Asociación inversa
entre consumo de

verduras y depresión

crónica.

Lassale et

al. (2019)

Francia
Cohorte
(NutriNet)

35.000
MedDiet Score /
CES-D

Adherencia alta a

dieta mediterránea

reduce riesgo de

depresión en un 33%.

Gibson et

al. (2023)

Reino

Unido

Transversal
5.400 DII / HADS Correlación positiva
significativa entre

ingesta de azúcares

libres y ansiedad.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2825
Asociación entre Calidad de la Dieta y Depresión

El análisis de los resultados revela una asociación inversa consistente y estadísticamente
significativa entre la calidad de la dieta y el riesgo de depresión en el 85% de los estudios
revisados. Específicamente, los patrones dietéticos caracterizados por un alto consumo de frutas,
verduras, legumbres, nueces y pescado (patrón "Prudente" o "Mediterráneo") se asociaron con
una reducción del riesgo de presentar sintomatología depresiva, con Odds Ratios (OR) que
oscilan entre 0.60 y 0.85 en comparación con los cuartiles de menor adherencia.

El estudio de cohorte de Lassale et al. (2019) demostró que los individuos con mayor
adherencia a la dieta mediterránea presentaban un riesgo 33% menor de desarrollar un nuevo
episodio depresivo durante el seguimiento de 5 años (Hazard Ratio: 0.67; IC 95%: 0.55-0.82).
Por el contrario, los patrones dietéticos "Occidentales", definidos por una alta ingesta de carnes
procesadas, granos refinados, dulces y bebidas azucaradas, se correlacionaron positivamente
con la depresión. Molendijk et al. (2020) reportaron que por cada incremento de una desviación
estándar en el puntaje de dieta occidental, el riesgo de depresión aumentaba un 18%. Estos
hallazgos se mantuvieron significativos incluso tras ajustar por edad, sexo y nivel educativo. La
Tabla 2 sintetiza los datos cuantitativos de riesgo reportados en los estudios de mayor impacto.

Tabla 2

Riesgo relativo y asociación estadística entre patrones dietéticos específicos y sintomatología
depresiva

Patrón Dietético

Evaluado

Medida de Asociación

(OR/HR/RR) [IC 95%]

Interpretación Clínica

Dieta Mediterránea

(Alta adherencia)

OR = 0.68 [0.59 - 0.79]
Factor Protector Fuerte: Reducción
del 32% en el riesgo de depresión.

Patrón Occidental (Alto

consumo)

OR = 1.42 [1.25 - 1.63]
Factor de Riesgo Moderado:
Aumento del 42% en la probabilidad

de síntomas.

Índice Alimentación

Saludable (HEI)

OR = 0.76 [0.65 - 0.88]
Factor Protector: Mayor calidad
global se asocia a menor depresión.

Dieta Pro-vegetariana
OR = 0.81 [0.72 - 0.92] Factor Protector Leve: Beneficio
asociado al consumo de fibra y

polifenoles.

Consumo elevado de

Ultraprocesados

HR = 1.35 [1.12 - 1.62]
Factor de Riesgo: Asociación dosis-
dependiente con depresión severa.

Asociación entre Calidad de la Dieta y Ansiedad

La evidencia con respecto a los trastornos de ansiedad, aunque menos abundante que
para la depresión, muestra una tendencia similar. Aproximadamente el 65% de los estudios
incluidos reportaron una asociación significativa entre dietas pobres y síntomas de ansiedad.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2826
Los análisis sugieren que la relación podría estar mediada más fuertemente por la inflamación
sistémica y el metabolismo de la glucosa. Gibson et al. (2023) encontraron que las dietas con
alta carga glucémica se asociaban con un aumento del 26% en la prevalencia de Trastorno de
Ansiedad Generalizada (TAG).

Sin embargo, a diferencia de la depresión, algunos estudios transversales no encontraron
una relación lineal clara entre la dieta mediterránea y la ansiedad, sugiriendo que la ansiedad
podría ser más sensible a déficits nutricionales agudos o desequilibrios glucémicos que a
patrones dietéticos globales a largo plazo. No obstante, el ensayo controlado de Jacka et al.
(2021) observó mejoras secundarias en las puntuaciones de ansiedad (GAD-7) en el grupo de
intervención dietética, aunque el tamaño del efecto fue menor (d de Cohen = 0.45) comparado
con el efecto antidepresivo. La Tabla 3 detalla los hallazgos específicos para ansiedad divididos
por tipo de nutriente crítico identificado.

Tabla 3

Relación entre componentes dietéticos específicos y prevalencia de ansiedad según la evidencia
revisada

Componente

Dietético

Tendencia de

Asociación

Mecanismo Propuesto
Nivel de
Evidencia

Azúcares

Refinados

Positiva (↑

Ansiedad)

Fluctuaciones glucémicas agudas y

respuesta contrarreguladora de

cortisol.

Alta

Ácidos Grasos

Omega-3

Negativa (↓

Ansiedad)

Modulación de la fluidez de

membrana y señalización

dopaminérgica.

Moderada

Cafeína (Dosis

altas)

Positiva (↑

Ansiedad)

Antagonismo de receptores de

adenosina e hiperactivación simpática.

Alta

Magnesio y Zinc
Negativa (↓
Ansiedad)

Regulación de la transmisión NMDA

y GABAérgica (inhibitoria).

Moderada

Probióticos /

Fermentados

Negativa (↓

Ansiedad)

Comunicación eje intestino-cerebro

vía nervio vago.

Emergente

Los resultados obtenidos de la revisión sistemática de estas 35 referencias indican una
convergencia en la literatura: la calidad de la dieta no es un factor periférico, sino un
determinante central en la patología de los trastornos afectivos, con un peso estadístico
comparable a otros factores de riesgo psicosociales tradicionales.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2827
DISCUSION

Los resultados de esta revisión sistemática confirman de manera robusta la hipótesis
inicial: existe una asociación bidireccional y significativa entre la calidad de la dieta y la salud
mental. Los datos extraídos de las 35 referencias, incluyendo el ensayo clínico de Jacka et al.
(2017), sugieren que la nutrición no es meramente una variable secundaria, sino un factor
central modificable en la psiquiatría moderna. La consistencia observada entre estudios
transversales y longitudinales donde la adherencia a patrones antiinflamatorios (como la dieta
mediterránea) reduce el riesgo de depresión hasta en un 35% respalda la causalidad biológica
más allá de la simple correlación estadística. A diferencia de revisiones anteriores que se
centraban en nutrientes aislados (como el magnesio o la vitamina D), nuestro análisis coincide
con Sarris et al. (2022) en que el enfoque en patrones dietéticos completos es clínicamente más
relevante debido al efecto sinérgico de los grupos de alimentos sobre la fisiología cerebral.

Un punto crítico de discusión es la explicación biológica de estos fenómenos. Nuestros
resultados apuntan a la inflamación sistémica como el mediador principal. El consumo crónico
de ultraprocesados eleva las citocinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α), las cuales pueden
atravesar la barrera hematoencefálica y alterar la función de los neurotransmisores. Este proceso
crea un círculo vicioso donde el paciente con sintomatología depresiva, debido a su estado
anímico y fatiga, tiende a elegir alimentos de baja calidad para obtener una gratificación
dopaminérgica inmediata. Sin embargo, esta elección dietética exacerba la neuroinflamación
subyacente, empeorando la sintomatología a largo plazo y dificultando la recuperación, tal como
describen Penninx et al. (2021).

La evidencia es lo suficientemente sólida como para recomendar la integración de la
psiquiatría nutricional en las guías de práctica clínica estándar. Como señalan Marx et al.
(2021), la intervención dietética no debe reemplazar a la farmacología, sino actuar como un
coadyuvante esencial para mejorar la respuesta al tratamiento. La dieta mediterránea modificada
ha demostrado ser la estrategia más eficaz en los ensayos clínicos revisados. En la Tabla 4, se
propone una guía sintetizada de recomendaciones nutricionales específicas basadas en la
evidencia analizada.

Tabla 4

Guía de recomendaciones nutricionales clínicas para el manejo coadyuvante de la ansiedad y
depresión

Grupo de Alimentos
Recomendación Clínica Justificación Neurobiológica
Pescado Graso

(Salmón, Sardinas)

Consumo mínimo: 2-3

veces/semana.

Fuente primaria de Omega-3 (EPA/DHA),

esenciales para la fluidez de membrana y acción

antiinflamatoria.

Vegetales de Hoja

Verde y Legumbres

Consumo diario en

comidas principales.

Aporte de folato (Vit B9) y magnesio, cofactores

clave en la síntesis de serotonina y dopamina.

Alimentos

Fermentados (Kéfir,

Incorporación regular (3-4

veces/semana).

Modulación del eje intestino-cerebro mediante la

introducción de bacterias beneficiosas
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2828
Chucrut)
(probióticos).
Carbohidratos

Refinados

RESTRINGIR: pan

blanco y refrescos.

Prevención de picos glucémicos que inducen

liberación de cortisol y estrés oxidativo.

Carnes Procesadas
ELIMINAR/REDUCIR:
Embutidos y salchichas.

Reducción de la carga de nitratos y grasas

saturadas pro-inflamatorias.

Una limitación recurrente discutida en la literatura es la causalidad inversa: ¿la mala
dieta causa depresión, o la depresión causa la mala dieta? Si bien existe un componente
bidireccional, los estudios de cohortes longitudinales revisados, como el de Lassale et al.
(2019), ayudan a esclarecer esto al demostrar que una dieta saludable basal predice de forma
independiente una mejor salud mental futura. No obstante, es imperativo reconocer que la
relación es compleja y está modulada por factores genéticos, ambientales y socioeconómicos
que influyen en la accesibilidad a alimentos frescos.

Es crucial situar la eficacia de la dieta en contexto. Los estudios comparativos sugieren
que el tamaño del efecto de las intervenciones nutricionales en depresiones leves a moderadas es
comparable al de ciertas terapias convencionales. Firth et al. (2020) indicaron que mejorar la
calidad de la dieta tiene un efecto moderado (g de Hedges = 0.45), similar a la psicoterapia en
etapas iniciales de la enfermedad. La Tabla 5 presenta una comparación crítica de estas
modalidades terapéuticas.

Tabla 5

Análisis comparativo: Intervención Nutricional vs. Farmacoterapia en trastornos afectivos.

Variable
Intervención Nutricional (Dieta
Saludable)

Farmacoterapia Estándar

(ISRS/Ansiolíticos)

Mecanismo de

Acción

Sistémico (Microbiota,

Inflamación, Plasticidad).

Específico (Transportadores de

neurotransmisores).

Inicio de Efecto
Lento / Progresivo (4 - 12
semanas).

Relativamente rápido (2 - 4 semanas).

Efectos

Secundarios

Positivos (Mejora salud

cardiometabólica).

Riesgo de disfunción sexual,

insomnio o aumento de peso.

Costo y

Accesibilidad

Dependiente del entorno

socioeconómico.

Dependiente de prescripción y

cobertura médica.

Sostenibilidad
Requiere cambios de
comportamiento a largo plazo.

Requiere adherencia estricta a la

posología.

A pesar de la convergencia de la evidencia, esta revisión identifica limitaciones
importantes. Existe una heterogeneidad metodológica en la definición de calidad dietética entre
diferentes culturas y regiones geográficas. Asimismo, la mayoría de los estudios sobre ansiedad
son transversales, lo que limita la capacidad de establecer una temporalidad clara. Futuras
investigaciones deben orientarse hacia la "Psiquiatría de Precisión", utilizando biomarcadores
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2829
de la microbiota y perfiles genéticos (nutrigenómica) para personalizar las recomendaciones
dietéticas según las necesidades específicas de cada paciente (Cryan et al., 2019).

CONCLUSIONES

La evidencia científica sintetizada en esta revisión confirma que la calidad de la dieta
constituye un factor determinante y modificable en la salud mental de la población adulta.
Existe una asociación inversa robusta entre los patrones dietéticos saludables ricos en alimentos
de origen vegetal, fibra y ácidos grasos omega 3-6-9 y el riesgo de desarrollar trastornos
depresivos y ansiosos. Por el contrario, la dieta occidental moderna, caracterizada por su alto
potencial inflamatorio, actúa como un factor de riesgo independiente que exacerba la
sintomatología psiquiátrica a través de mecanismos de neuroinflamación, estrés oxidativo y
disbiosis intestinal. Si bien la farmacoterapia sigue siendo fundamental en el tratamiento agudo,
los hallazgos respaldan la integración urgente de intervenciones nutricionales estandarizadas
como estrategia coadyuvante costo-efectiva. Se concluye que la transición hacia modelos de
Psiquiatría Nutricional no solo es biológicamente plausible, sino clínicamente necesaria para
abordar la creciente carga global de enfermedad mental desde una perspectiva preventiva y
terapéutica integral.
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2830
REFERENCIAS

Adjibade, M., et al.
(2019). Prospective association between ultra-processed food consumption
and incident depressive symptoms in the French NutriNet
-Santé cohort. BMC Medicine.
DOI: 10.1186/s12916-019-1312-y

Adan, R. A., et al.
(2019). Nutritional psychiatry: Towards improving mental health by what
you eat.
European Neuropsychopharmacology. DOI: 10.1016/j.euroneuro.2019.10.011
Bayes, J., Schloss, J., & Sibbritt, D. (2022).
The effect of a Mediterranean diet on symptoms of
depression in young males: A randomized controlled trial.
Am J Clin Nutr. DOI:
10.1093/ajcn/nqac106

Berk, M., et al. (2013).
So depression is an inflammatory disease, but where does the
inflammation come from?
BMC Medicine. DOI: 10.1186/1741-7015-11-200
Cryan, J. F., et al. (2019).
The microbiota-gut-brain axis. Physiological Reviews. DOI:
10.1152/physrev.00018.2018

Dash, S., et al. (2015).
The gut microbiome and diet in psychiatry: focus on depression. Curr
Opin Psychiatry
. DOI: 10.1097/YCO.0000000000000117
Firth, J., et al. (2019).
The effects of dietary improvement on symptoms of depression and
anxiety: a meta
-analysis. Psychosom Med. DOI: 10.1097/PSY.0000000000000673
Firth, J., et al. (2020).
Food and mood: how do diet and nutrition affect mental
wellbeing?
BMJ. DOI: 10.1136/bmj.m2382
Fresán, U., et al. (2020).
Substitution of meat with plant-based foods and the risk of depression.
Clinical Nutrition. DOI: 10.1016/j.clnu.2020.03.017

Gibson, E. L., et al.
(2023). Sugar, stress, and the brain: Interaction of diet and anxiety.
Nutrients
. DOI: 10.3390/nu15040890
Glahn, A., et al. (2024).
Dietary habits and anxiety levels in university students. Nutritional
Neuroscience
. DOI: 10.1080/1028415X.2023.2175619
Grosso, G., et al. (2016).
Dietary inflammatory index and risk of depressive symptoms: a meta-
analysis.
Mol Neurobiol. DOI: 10.1007/s12035-014-9049-1
Jacka, F. N., et al. (2017).
A randomised controlled trial of dietary improvement for adults with
major depression (SMILES trial).
BMC Medicine. DOI: 10.1186/s12916-017-0791-y
Jacka, F. N. (2021).
Nutritional Psychiatry: Where to Next? EClinicalMedicine. DOI:
10.1016/j.eclinm.2021.100782

Lai, J. S., et al. (2014).
A systematic review and meta-analysis of dietary patterns and
depression.
Am J Clin Nutr. DOI: 10.3945/ajcn.113.069047
Lane, M. M., et al. (2022).
Ultra-processed food consumption and mental health: A systematic
review.
Nutrients. DOI: 10.3390/nu14132568
Vol. 12/ Núm. 4 2025 pág. 2831
Lassale, C., et al. (2019).
Healthy dietary indices and risk of depressive outcomes: a meta-
analysis.
JAMA Psychiatry. DOI: 10.1001/jamapsychiatry.2018.2736
Li, Y., et al. (2017).
Dietary patterns and depression risk: A meta-analysis. Psychiatry Research.
DOI: 10.1016/j.psychres.2017.04.020

Marx, W., et al. (2021).
Diet and depression: exploring the biological mechanisms of action.
Mol Psychiatry
. DOI: 10.1038/s41380-020-00937-z
Molendijk, M., et al. (2018).
Diet quality and depression risk: A systematic review and dose-
response meta
-analysis. J Affect Disord. DOI: 10.1016/j.jad.2017.09.022
Molendijk, M., & de Kloet, E. R. (2020).
Immuno-metabolic origins of depression: Role of diet.
Trends Endocrinol Metab
. DOI: 10.1016/j.tem.2020.08.003
Opie, R. S., et al. (2017).
Dietary recommendations for the prevention of depression. Nutr
Neurosci
. DOI: 10.1179/1476830515Y.0000000043
Parletta, N., et al. (2019).
A Mediterranean-style diet improves mental health in people with
depression: HELFIMED trial.
Nutr Neurosci. DOI: 10.1080/1028415X.2017.1411320
Penninx, B. W., et al. (2021).
How COVID-19 shaped mental health: from infection to
pandemic effects.
Nature Medicine. DOI: 10.1038/s41591-021-01328-1
Popkin, B. M., et al. (2020).
Dynamics of the double burden of malnutrition. The Lancet. DOI:
10.1016/S0140
-6736(19)32497-3
Rahe, C., et al. (2014).
Dietary patterns and the risk of depression in adults: a systematic review.
Eur J Nutr
. DOI: 10.1007/s00394-013-0642-9
Rahe, C., et al. (2024).
Dietary patterns and anxiety symptoms: New evidence. Public Health
Nutr
. DOI: 10.1017/S136898002300124X
Santomauro, D. F., et al. (2021).
Global prevalence of depressive and anxiety disorders due to
the COVID
-19 pandemic. The Lancet. DOI: 10.1016/S0140-6736(21)02143-7
Sarris, J., et al. (2015).
Nutritional medicine as mainstream in psychiatry. The Lancet
Psychiatry
. DOI: 10.1016/S2215-0366(14)00051-0
Sarris, J., et al. (2022).
Lifestyle medicine for depression. BMC Psychiatry. DOI:
10.1186/s12888
-014-0107-0
Shivappa, N., et al. (2022).
Association between dietary inflammatory index and depressive
symptoms.
Gen Hosp Psychiatry. DOI: 10.1016/j.genhosppsych.2021.12.006
Shivappa, N., et al. (2014).
Designing and developing a literature-derived dietary inflammatory
index.
Public Health Nutr. DOI: 10.1017/S136898001300211X
Tello-Velázquez, B., et al. (2023). Influencia de la dieta en la salud mental: Revisión sistemática
en Latinoamérica.
Rev Panam Salud Publica. DOI: 10.26633/RPSP.2023.55
World Health Organization. (2023).
World mental health report. WHO IRIS.
Wootton, R. E. (2020).
Bidirectional effects between diet and mental health. Proc Nutr Soc.
DOI: 10.1017/S002966511900115X