Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 1267
https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i1.1977
Guadalupe y caridad del cobre: de diosas paganas a vírgenes
aparecidas

Guadalupe and charity of copper: from pagan goddesses to apparited virgins

Claudia Labrada Larrinaga

claulabradalarrinaga@gmail.com

https://orcid.org/0009-0000-7225-792X

MEDCES, Universidad Autónoma de Chiapas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

Ivett Reyes Guillén

reyes.flor@unach.mx

https://orcid.org/0000
-0001-9738-4554
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Chiapas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

Patricia Gutiérrez Casillas

patricia.casillas@unach.mx

https://orcid.org/0009-0008-0493-2717

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Chiapas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

Artículo recibido: 18 enero2026 -Aceptado para publicación: 20 febrero 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

La devoción a la virgen de Guadalupe en México y Caridad del Cobre en Cuba es un tema que ha
sido abordado desde diferentes aristas por su importancia en el imaginario religioso popular de
ambos contextos. Al ser advocaciones marianas es muy similar la mirada que se tiene sobre ellas,
pero también los elementos que las distancias de la narrativa de la figura occidental de María, con
la influencia de las creencias de las culturas originarias donde se narra su mito de aparición. La
historia de México y Cuba, y de muchas otras naciones de Latinoamérica, se entrelazan desde la
llegada de los españoles y con todo el proceso de colonización e instauración de la religión
católica. Analizar cómo fueron desplazadas las deidades de los pueblos originarios de estos
territorios para consolidar las figuras católicas impuestas, nos lleva a desmantelar toda la historia
detrás de la figura, en este caso, de Guadalupe, y de igual forma con Caridad y sobre su relación
con las diosas madres, la feminidad y los elementos de la naturaleza. Lo relevante, precisamente,
se encuentra en la comparación de ambos procesos, los cuales a simple vista resultan aislados,
pero que arrojan muchos puntos en común como guía para entender los procesos culturales,
religiosos y de identidad del Caribe y de Latinoamérica. Este artículo tiene como objetivo explicar
la relación que existe entre la virgen de Guadalupe y la virgen de la Caridad del Cobre con las
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deidades femeninas de las culturas originarias de cada región y su relación con los personajes
masculinos a los cuales fueron aparecidas.

Palabras clave: advocaciones marianas, devoción, mujeres, deidades, vírgenes

ABSTRACT

Devotion to the Virgin of Guadalupe in Mexico and Caridad del Cobre
of Cuba is a topic that has
been approached from different angles due to its importance in the popular religious imagination

of both contexts. As they are Marian invocations, the view that is taken on them is very similar,

but also the elements that distance
the narrative of the Western figure of Mary, with the influence
of the beliefs of the original cultures where her myth of appearance is narrated.
The history of
Mexico and Cuba, and man
y other Latin American nations, are intertwined since the arrival of
the Spanish and with the entire process of colonization and institution of the Catholic religion.

Analyzing how the deities of the native peoples of these territories were displaced to co
nsolidate
the imposed Catholic figures, leads us to dismantle the entire history behind the figure, in this

case, of Guadalupe, and in the same way with Charity and her relationship with the mother

goddesses, femininity and the elements of nature. What is
relevant, precisely, is found in the
comparison of both processes, which at first glance appear isolated, but which provide many

points in common as a guide to understanding the cultural, religious and identity processes of the

Caribbean and Latin America.
This article aims to explain the relationship that exists between the
Virgin of Guadalupe and the Virgin of Caridad del Cobre with the female deities of the original

cultures of each region and their relationship with the male characters to whom they appe
ared.
Keywords
: Marian invocations, devotion, women, deities, virgins
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INTRODUCCIÓN

El mito de aparición de las vírgenes de Guadalupe y Caridad del Cobre tiene origen luego
de llevarse a cabo la conquista y colonización en el Caribe y en América Latina por parte de
España. En México las apariciones de la virgen están fechadas en el año 1531, y para el caso de
Cuba el hallazgo fue en el año 1628. Existe polémica en torno a la veracidad de los
acontecimientos y de la narración histórica que se contempla sobre estos sucesos por parte de los
académicos y teólogos, al encontrarse elementos que están fuera de tiempo y contexto que hacen
dudar que sean verídicos u orquestados por la Iglesia para sus fines evangelizadores. Ambas son
consideradas advocaciones de la virgen María, y fueron aparecidas en espacios específicos,
dotándolas de elementos característicos del contexto.

La devoción a la virgen María tiene una fuerte presencia en la religión judeo-cristiana, a
pesar de ser fundamentalmente patriarcal. Se extiende desde los primeros años del cristianismo y
se establece en todo el Mediterráneo, y en el año 431 se institucionaliza dentro del calendario
festivo con su proclamación como Madre de Dios. Existen referencias sobre María en los
evangelios, fundamentalmente en la descripción de la infancia de Jesús, donde se comienza a
nombrar la virginidad de María y su origen de mujer común siendo elegida por Dios.

La percepción sobre la Virgen María y sus advocaciones se ha vinculado a lo largo de la
historia con las mujeres y con la significación que representa para ellas, fundamentalmente unida
a la concepción de la maternidad y como modelo de pureza y obediencia a Dios, vista así como
madre, esposa, reina y mediadora entre lo divino y lo terrenal. Ha sido motivo de inspiración para
los artistas, los cuales han reflejado en sus obras un modelo de feminidad asociado a la idea de la
mujer en las diferentes épocas.

En la obra de la historiadora Marina Warner (1991), se analiza la eficacia simbólica con
relación a la virgen María y hace énfasis en que esta virgen es una creación popular evidente en
tiempos y personas distintas. Existen pocas referencias sobre María en los Evangelios, y se
interpreta como imaginaciones de los cristianos sobre la madre de Jesús con fuertes alcances de
la significación y la devoción para los sujetos en toda la sociedad y tiempos (Warner, 1991). Por
tanto, las advocaciones a la virgen María en el territorio de América Latina también van a ser
asociadas al imaginario de las personas que aquí habitaban, logrando unificar bajo estas
características muy específicas a gran parte de la población en torno a la devoción hacia estas
advocaciones, incorporando, por ejemplo, rasgos fenotípicos de la población originaria en la
imagen de la virgen.

Los principales aspectos que le son otorgados a María dentro de la religión católica son la
maternidad divina y la virginidad; esto en contraposición a la figura de Eva. Otro elemento
esencial fue la influencia de las religiones paganas de la época del helenismo y de sus diosas-
madres (Astarté, Ishtar, Rea, Cibeles, Isis, Artemisa o Deméter) en esta configuración de María.
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La relevancia de ella consiste en el hecho de que sea virgen antes, durante y después del parto,
alejando así la idea de las relaciones sexuales y del libertinaje que ofrecía esta religión pagana
guardando así el paradigma de que las mujeres se conservaran puras y castas.

Una de las figuras femeninas más significativa en la Biblia es Eva, representada como el
pecado carnal. Ella es la culpable de la falta de los hombres al incitarlos a la tentación y al acto
de desobediencia contra Dios, y por tanto, debe ser castigada. Dentro de esta lógica se aglomera
a las mujeres, las cuales deben padecer en el parto y purgar sus pecados.

Debido a estas ideas se alejó a las mujeres de la configuración de la Iglesia como
institución, en puestos de autoridad, al abogar por sus impurezas, su naturaleza débil y el
abandono divino. Para contrarrestar y alivianar esta idea es como surge la imagen de la Virgen.
Cómo se fomenta la obediencia y se contrarresta la inmoralidad con la cual cargan las mujeres,
pues con una nueva idea de lo que debe ser una mujer.

La virgen María al convertirse en la madre de Cristo, se idealiza como la madre de la
Iglesia y el referente para sus devotas. Se estableció su culto en todas las regiones donde ha
aparecido a asistir a sus hijos, adoptando características de cada territorio en el cual aparece. Es
la imagen del sacrificio de la mujer por sus hijos, desde el momento en el que se cuenta de su
sufrimiento bajo la cruz donde fue sacrificado Jesús.

Un elemento a considerar en el auge de la devoción hacia María es la estrategia de la Iglesia
Católica ante la reforma protestante. La cultura barroca católica reforzó el papel intercesor de la
Madre de Cristo, su efectividad para sacar almas del Purgatorio y su poder para aplastar la herejía.
Se multiplicaron las visiones celestes en las que se manifestaba a hombres y mujeres virtuosos
rodeados de ángeles y de santos. Se coronaron sus imágenes y se celebraron sus fiestas. María se
volvió el símbolo de la iglesia triunfante (Rubial, 1995).

Con el establecimiento del culto mariano en los países europeos, era muy popular la
devoción hacia las diferentes advocaciones que ya se conocían en toda esta región. Es así como
llega a América Latina y el Caribe la figura de la Virgen María, a través de la fe de sus devotos.
La mayoría de los colonizadores eran fieles creyentes de la virgen y se aseguraron de instaurar el
culto en este nuevo territorio.

Una de las formas más eficientes para lograr la evangelización fue mediante la idolatría de
las figuras cristianas. Esto propició un acercamiento con las culturas originarias, al poder observar
un personaje “real” y que en algunas ocasiones no era muy lejano a ciertas características de sus
deidades.

Así, en toda la región de la Nueva España, por ejemplo, se instauró el culto mariano en las
principales ciudades del territorio (México, Zapopan, Querétaro, Guanajuato, Puebla, Veracruz,
Tlaxcala) así como en la capitanía General de Guatemala, con la aparición de las vírgenes de
Guadalupe, de los Remedios, Nuestra Señora de la Bala, Nuestra Señora de la Piedad, entre otras.
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MATERIALES Y MÉTODOS

Se utilizó el análisis documental, para la exploración de los referentes bibliográficos; el
método comparativo, para identificar y describir las semejanzas y diferencias que existen entre la
virgen de Guadalupe y la virgen de la Caridad del Cobre. Se aplicaron entrevistas
semiestructuradas presenciales y virtuales a través de zoom, a mujeres devotas de la virgen de
Guadalupe y de la Caridad del Cobre en Cuba. Se tomó únicamente a las mujeres para aplicar las
entrevistas, con la finalidad de asociar la importancia de la figura de la virgen como
representación de la feminidad y su concepción de madre y mujer, y la continuidad de la devoción
en las familias como incentivación de las mujeres en ellas. Además, se indagó sobre su percepción
acerca de por qué la virgen es aparecida a hombres en su mito de origen y no a una mujer.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Antes de estas vírgenes, ya existía un culto a la Diosa Madre en las culturas originarias en
todo el continente americano, refugiadas bajo las diferentes deidades de cada grupo. Es por ello
que se encuentran elementos distintivos, en cuanto a la narración o significación de las vírgenes
aparecidas, con las diosas madres de estas culturas. El cometido católico era convertir a los
indígenas hacia su religión y, aunque algunos no concordaron del todo con el positivismo de la
sincretización con estas diosas, sirvió para atraer a estas culturas originarias a la nueva devoción.

La virgen de Guadalupe no está exenta de este hecho. La aparición ante Juan Diego refuerza
la idea de salvación que trae la virgen para estos pueblos, además de la similitud con los atributos
de Guadalupe, considerada como la mujer águila, con el mito de asentamiento prehispánico del
águila sobre el nopal. Sobre estas premisas, Jacques Lafaye sostiene que el antecedente de
Guadalupe se encuentra en Tonantzin, tomando una configuración de la diosa

Cihuacóatl, que significa mujer culebra y que también llamaban “nuestra madre”,
restituyendo así la historia de los indígenas, ya sea antigua o milagrosa, o ambas cosas a la vez
(Lafaye, 2006).

Lo curioso de estas diosas madres y Guadalupe, radica en su virginidad y en la procreación
de un hijo de forma mística. Varias de las narraciones de las deidades femeninas mesoamericanas
que son consideradas como la Madre Tierra, están vinculadas con la procreación de un ser a partir
de un poder divino y conservándose la naturaleza virgen de dichas mujeres.

Como primeros antecedentes en la región mesoamericana se encuentra el culto tolteca a
Quetzalcóatl. Chimalma (madre de Quetzalcóatl), fue una mujer de origen otomí que, según
cuenta la leyenda, no quiso entregarle su virtud al guerrero llamado Mixcóatl. Chimalma huye y
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se esconde en otro pueblo, cuando estando en su templo ve descender una pluma de quetzal
1,
guardándola dentro de sus ropas, y luego de este suceso queda Chimalma embarazada.

Llega Mixcóatl a donde se encuentra ella, y aun estando embarazada la toma como su
esposa. El nombre Mixcóatl es traducido como “serpiente de nubes” y los mexicas creían que era
la representación de la Vía Láctea, por lo que nos deja interpretar que Quetzalcóatl no es más que
el fruto en la Tierra y el cielo.

Por otra parte, en la tradición mexica existe la leyenda de Huitzilopochtli, hijo de Coatlicue
(mujer serpiente) y asociado con el sol. En la narración, Coatlicue de igual forma guarda entre
sus ropas una pluma o una piedra, según las diferentes versiones, y queda embarazada. En esta
leyenda aparece además el personaje de Coyolxauhqui, hermana de Huitzilopochtli, y
representada como la diosa de luna, se puso furiosa al enterarse que su madre estaba embarazada
pues lo consideraba una deshonra. Llama a sus hermanos para ir a matar a su madre por lo que
nace Huitzilopochtli y así descuartiza a su hermana en su intento de matanza. Es así como queda
registrada simbólicamente la derrota de la oscuridad: el Sol sobre la Luna.

Otra leyenda se refiere a las figuras de Tláloc, el dios de la lluvia y Chalchiuhtlicue, su
contraparte, la diosa del agua, de los ríos, los manantiales; recibiendo todo aquello que viene del
cielo para transformarlo en la tierra.

Lo relevante de dichas narraciones sobre estas diosas mesoamericanas se encuentra en la
aceptación de aquello que viene del cielo y por tanto considerado divino, para tomarlo en su
cuerpo y transformarlo en su vientre dando vida a un personaje que se convertiría en la figura
principal de veneración entre los hombres. Este argumento no es más que lo que se consideraba
como el principio de la feminidad, dar a luz, maternar al hombre elegido a través de la pureza, la
pureza de la tierra, la Madre Tierra.

Todas estas diosas se encuentran generalizadas bajo el término Tonantzin, por lo que no
distaba tanto, aunque no en igual término, de la visión de la virgen María para la religión católica.
Varios han sido los intentos por demostrar las similitudes que guarda la virgen con estas diosas.
Con respecto a Coatlicue, toda su simbología hace referencia a la fertilidad y el ciclo de la vida y
concibe a su hijo sin contacto sexual, igual que Guadalupe, que es representada encinta y producto
del Espíritu Santo. Ambas comparten el mismo lugar de veneración, el cerro del Tepeyac, aunque
el templo de Coatlicue fue destruido por los colonizadores y se construyó ahí una capilla.

Los símbolos que se encuentran en la imagen de la virgen, como el Sol y la Luna, pueden
tener relación con los hijos de Coatlicue: Huitzilopochtli y Coyolxauhqui. Otra simbología que
se le ha otorgado son las alas del ángel en la imagen de Guadalupe haciendo alusión al quetzal
(ave venerada por los mexicas) o con un águila. También se identifican en la imagen de la virgen

1 En algunas narraciones se encuentra que fue una piedra verde de esmeralda la cual se tragó y así quedo encinta,
igual que con la versión de Coatlicue. Otras versiones argumentan que Chimalma y Mixcóatl se unieron de forma
consensuada y así tuvieron a Quetzalcóatl.
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símbolos de origen náhuatl; tal es el caso de la flor Nahui Ollin, considerada como la expresión
de la presencia divina y la flor en forma de triángulo representando las montañas y el tallo largo
y curvo el agua, elementos que eran esenciales para la vida según la cultura mexica.

Sin embargo, estas diosas que veneraban los pueblos originarios, muchas tienen un carácter
de dualidad, o sea, no se les especifica únicamente un género y también asumen características de
creación y destrucción y desarrollan múltiples funciones. La concepción de la virgen de
Guadalupe es diferente, pues su única función es procrear al salvador, obedecer a Dios y ser y
mantenerse pura, reforzando así el ideal cristiano y el modelo de feminidad y maternidad que
proponía la Iglesia Católica. De esta forma se destruye el ideal femenino de las culturas
prehispánicas, y se acopla la población al modelo ideológico que se instauraría en la Nueva
España.

Por otra parte, la población que habitaba la isla de Cuba antes de la llegada de los
colonizadores también veneraba a diosas madres. Estos grupos fueron categorizados como
aborígenes, y presentaban un menor desarrollo con respecto a las culturas de América como la
maya, inca y azteca. Los tres grupos con más presencia en la isla fueron los Guanahatabeyes,
ubicados fundamentalmente en la zona occidental, los Ciboneyes y Taínos.

Estas culturas vivían en cuevas, comían frutas, animales que cazaban y sus instrumentos
eran fundamentalmente de piedra. Los Taínos, que fueron los más avanzados, vivían en
comunidades que denominaban bateyes, y a sus viviendas les llamaban bohíos, barbacoas o
caneyes. Al igual que los Ciboneyes, también se dedicaban a la pesca y la agricultura. En estas
labores agrícolas la mujer desempeñaba un papel fundamental y existen consideraciones donde
se plantea el carácter matriarcal de estos grupos. La religión que practicaban es calificada de
carácter animista y totémica, y sus entierros eran muy característicos (Álvarez, 2010).

La madre diosa que era venerada por los taínos fue Atabeira, conocida también como
Atabex o Atabey. Es la diosa “Madre de las Aguas”, principio femenino del mundo para la cultura
taína.

Esta diosa se asocia al control de los ríos y lagos de la tierra y es la madre de Yocahú (señor
de la yuca), por lo que sus rituales iban encaminados a propiciar un buen comienzo de la
temporada de lluvias, la cual marcaba el inicio de la plantación de la yuca (la planta de la yuca
era el principal cultivo para las culturas del Caribe). La deidad es representada como mitad rana,
mitad mujer y es asociada a la divinidad de la Luna, el mar, la fertilidad y las parturientas. Lo
curioso es que esta diosa de igual manera concibe a su hijo sin la presencia masculina y él se
convierte en la deidad masculina principal de veneración. Según la cosmovisión indígena, la
posición de la Virgen, de pie sobre la luna, personificaba el triunfo de María sobre Atabex, diosa
madre del ser supremo indígena (Crespo, 2011).
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Por otro lado, se encuentra la figura de Oshún
2, la cual llega a la isla de Cuba a través de la
religión de los esclavos africanos cuando la trata negrera. Su historia se aprecia a través de los
patakies y orikies
3 que la describen en todo su esplendor. Oshún, en la religión yoruba, es la
deidad de las aguas fluviales, los ríos. En su altar se le colocan prendas de cobre, al asociarse con
este metal, un abanico de plumas de pavo real y piedras de los ríos.

Oshún también es asociada con la sensualidad, con poderes de curación, su belleza, alegría,
pero también con aspectos oscuros y vengativos en el amor, su espíritu aventurero, su vanidad y
su coquetería (Cámara, 2003). En el caso de Oshún su historia se desprende de la virginidad
presente en la historia de las deidades antes descritas. Si retomamos las narraciones sobre ella, su
virginidad fue dada como sacrificio para salvar a una de sus hermanas, Oyá. Fue esposa de

Òrúnmílá
(Orunla), Ògún, Òşoosi y de Aggayu y tuvo hijos con ellos. Además, es conocida como
Ìyálóòde
(Iyalode), título que se le da a la persona con el lugar más importante entre todas las
mujeres de la ciudad.

Sin embargo, existe una gran polémica con el sincretismo dado entre Oshún y la virgen de
la Caridad del Cobre, pues Oshún es tomada como referente de la maternidad, la fertilidad, pero
por otro lado no abandona su lado sensual y coqueto, elemento que definitivamente no se
encuentra en la ideología católica.

Existe otra leyenda relacionada con Oshún, recogida por Mercedes Cros Sandoval, donde
expone “el conocimiento de Oshún de que sus hijos eran llevados a Cuba como esclavos, y que
allí, solitarios y tristes, la echaban de menos. Preocupada por este fenómeno fue a ver a su hermana
Yemayá, diosa de los mares, para que le hablara sobre Cuba y su gente. Yemayá le contó el
parecido de Cuba con África en relación al clima y su fauna y le explicó que no todos los cubanos
eran negros, habitaban blancos y mulatos también. Temerosa de esto, Oshún le pide dos deseos a
su hermana, que le alisara y suavizara un poco el pelo con las aguas de su océano, y el otro, que
le aclarara un poco la piel; de esta forma sería recibida por todos en la isla y todos serían sus
hijos” (Cros, 1975: 11-12).

Es por tanto que, por una parte existe una dignificación y rescate de la figura de Oshún en
el imaginario popular, poniéndola al mismo plano que la virgen como madre y protectora de las
mujeres y de los cubanos de forma general, mientras que, en contraposición, la burguesía criolla
la veía como el símbolo de los instintos sexuales libertinos. Lo cierto es que la idea de esta deidad

2 La figura de Oshún tiene una connotación diferente con las diosas mesoamericanas, tomando en cuenta que parte
de la historia y de la religión politeísta africana, donde es considerada una humana que en una circunstancia
determinada se convierte en un poder no tangible o en una ancestra. Este hecho permite la asociación de su figura
con las mujeres, en este caso cubanas, pues toda su historia transcurre como humana, solo después de que Olofin
o Olodumare (creador del mundo) repartiera los poderes en el plano terrenal para regular la vida de los seres
humanos y la naturaleza, se convierte Oshún en una deidad, con atributos que la caracterizan solo a ella, del resto
de sus hermanas y hermanos que también fueron elegidos.

3 Son narraciones orales, historias religiosas de la fe yoruba. Están relacionadas con las fábulas.
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se fundió con la mirada de las mujeres mulatas de la isla y se convirtió en un estereotipo y hoy en
día aún se tiene de las mujeres cubanas.

De igual forma la Iglesia Católica continuó estableciendo las normas y conductas que debía
tener una mujer de esta época, y la devoción a la virgen de la Caridad del Cobre fue una vía
propicia para regular y dictaminar la visión religiosa que se quería para Cuba.

Según el pensamiento de la feminista Helene Cixous, “el pensamiento masculino opera
bajo una lógica binaria que finalmente responde a la oposición masculino-femenino, en la cual el
lado femenino siempre resulta subordinado, señalando como ejemplo la actividad-pasividad;
cultura-naturaleza; pasión-acción; cabeza-corazón” (Cámara, 2003: 7).

Es por esto que se puede decir que el mecanismo dualista de opresión hegemónica, es el
que rige la sociedad luego de la colonización, fundamentado en la idea de que la sociedad fue
estructurada bajo leyes e instituciones organizadas que eran regidas por hombres blancos y
burgueses, y no por leyendas o saberes populares de las culturas originarias. Por tanto, existía esta
contraposición entre la madre virgen y la diosa madre; las dos dan vida, pero la diosa también
destruye y los hombres no pueden aceptar que las mujeres tengan este poder.

Las diosas o deidades tomaban elementos de la naturaleza y tenían voz propia. Muchas
huyeron del sufrimiento causado por los hombres, negándose a rendirse ante ellos.

La virgen María, en este caso con las advocaciones que se analizan, Guadalupe y Caridad
“son un caso de antropomorfización icónica de la feminidad, o de lo que se llama “el principio
femenino de la naturaleza” (Ortiz, 2012:235); son obedientes al mandato de Dios, a la figura del
hombre. Su historia solo se remite a la historia del nacimiento del Salvador. En el caso de
Guadalupe, aún no nace esa figura, la lleva en su vientre. Algunos lo consideran como una
simbología de resistencia, otros con el mensaje de que la nación mexicana aún no nace bajo esta
ideología, debido, como se refiere anteriormente, a la negación de la imposición cultural a
nuestros pueblos.

Las imágenes de las virgenes, Guadalupe y Caridad del Cobre, desde el contexto histórico
de sus apariciones, según se ha analizado anteriormente, han estado vinculadas con los elementos
culturales de la población originaria de ambos territorios, así como de la influencia española. En
una misma figura cobraban sentido las creencias de ambos sujetos. La virgen de Guadalupe
mexicana se convirtió en la sustitución de la Guadalupe de Extremadura para los españoles, y en
una nueva imagen para los indígenas. La devoción hacia ella se hizo presente, solo que esta
Guadalupe presentaría otros matices, pues inevitablemente la ideología de los pueblos indígenas
se fusionaría con la concepción de esta nueva devoción.

La narración histórica de Guadalupe conocida en España, presenta puntos en común con la
aparición de la del Tepeyac. La palabra de Guadalupe es de origen árabe y significa “río de lobos”
y algunos historiadores mencionan que las letras D y G no existían en el náhuatl, por lo que era
muy difícil su pronunciación para las personas originarias de México. La virgen de Guadalupe se
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aparece en Extremadura, en un lugar llamado Puebla de Guadalupe
4 a un pastor con su hijo
enfermo, pide una ermita para su adoración, realiza un milagro sanando a su hijo como prueba de
su existencia y aparece así la figura de la virgen, la cual sería reconocida por la Iglesia Católica,
comenzando así una fuerte devoción hacia ella por los habitantes de esta región. La imagen de
Guadalupe de Extremadura se diferencia de la imagen mexicana específicamente porque la
primera aparece con un niño en brazos mientras que la segunda aparece encinta o embarazada.

Hernán Cortes, nacido en este territorio, fiel devoto de Guadalupe trae consigo a América
el estandarte de ella, la cual coloca en el cerro del Tepeyac en México junto a una cruz de madera,
lugar que se convertiría en el nuevo destino de las peregrinaciones de sus devotos. Es aquí donde
comienza el primer choque con la ideología de las culturas originarias. El cerro del Tepeyac era
un sitio sagrado donde se veneraba a la diosa Tonantzin, y al cual llegaban sus devotos a pedirle
y dejarle sus ofrendas. No parece ser coincidencia que se escogiera al Tepeyac como nuevo centro
de devoción para la virgen católica reemplazando así a la Madre diosa de estos pueblos. Luego
de estos sucesos en 1531 comienza a hablarse sobre las apariciones de Guadalupe a Juan Diego,
virgen que no era la traída de Extremadura, ni la diosa de estos pueblos, sino una nueva versión
de la Madre de Dios.

Tiene mucha relación, además, el proyecto evangelizador de la Iglesia Católica,
fundamentalmente con la labor de los franciscanos en el proceso de convencimiento de los
indígenas para que se convirtieran a la religión católica. Esto se llevó a cabo gracias al estudio de
la lengua náhuatl por parte de estos franciscanos, para poder entender la visión religiosa y cultural
de los pueblos originarios y de esta forma procesarla y transformarla al pensamiento cristiano con
el cual se les enseñaría la nueva religión. Pero este fenómeno propició que ocurriera un proceso
de simultaneidad en torno a la devoción a la virgen, pues los indígenas seguían acudiendo al cerro
sagrado para pedirle a su diosa mientras eran convencidos de asimilar la tradición mariana.

La imagen de la virgen de Guadalupe es asociada con la madre indígena y con sus diosas,
y es que no solo se encuentra relacionada con Tonantzin sino también con otras deidades mexicas.
El sincretismo de esta virgen con las religiones prehispánicas se mira desde muchos ámbitos,
debido al significado que tenía para las culturas mesoamericanas la representación de la Madre
Tierra, denominación que se asociaría con los atributos de la fertilidad, la lluvia, la tierra, por lo
que es imposible decir que era solo una única deidad.

En las reflexiones que realiza el fraile Servando Teresa de Mier incluidas en el “Sermón
guadalupano” de 1794, menciona sobre la prueba de otros dos nombres que los historiadores
daban a la alegoría diosa Tonantzin, que eran Matlacueye y Chalchiutlicue. Matlacueye es lo
mismo: que su vestido es de azul, que verdea, tal es el caso de Nuestra Señora Chalchiutlicue,

4 De ahí que tome el nombre del lugar pues las apariciones de la virgen María tomaban el nombre de los lugares donde
se aparecían, y que constituyeran así advocaciones.
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nombre que los tlaxcaltecas le dan todavía a nuestra señora de Guadalupe y que antiguamente era
venerada en este cerro (Teresa de Mier, 1981:42-43).

Para los criollos del territorio también tendría un significado importante la aparición de
Guadalupe; primero porque precisamente su aparición fue en México, independientemente que
existiera una en España; en un sitio sagrado para las personas que originariamente eran de estas
tierras, y con un mensaje de unificación y amparo para la clase más pobre constituida
fundamentalmente por los campesinos y jornaleros. Guadalupe adoptaría una concepción propia
del lugar, con sus diferentes matices, pero con una identidad propia, misma de la cual se
construiría para las personas nacidas en México que ya no serían indígenas, pero tampoco
españolas.

En la narración de la aparición de la virgen de la Caridad del Cobre y la expansión de su
devoción también se encuentran elementos hispánicos, criollos y africanos, los cuales también
han tenido influencia en muchos de los hechos desarrollados en la isla de Cuba. Tiene presencia,
además, la visión de la cultura indígena, que, aunque no tiene una presencia significativa en la
sociedad cubana actual, todavía podemos encontrar vestigios de ella.

La relación histórica con respecto a sus raíces españolas radica en el hallazgo de la imagen
en la bahía de Nipe en el siglo XVII pues se relaciona con el naufragio de un buque de
colonizadores españoles, que se dice que arrojaron al mar la figura de la virgen. Eran comunes en
esta época los naufragios debido al clima del Caribe, propicio para huracanes, además de los
ataques de piratas. Existen otras teorías donde afirman que la imagen es española y que fue traída
a Cuba por Alonso de Hojeda y entregada a un cacique indígena de Cueiba, y luego este la arrojó
al mar y por esto reaparece en las aguas de Nipe. Es sabido que la devoción hacia María fue un
factor característico dentro de los conquistadores de América y que muchos trajeron sus figuras
con ellos y en el caso de Cuba algunas quedaron en poder de los indígenas.

Existe otra hipótesis sobre la oriundez española, donde se afirma que Nuestra Señora de la
Caridad del Cobre es la misma que la Caridad de Illescas, Castilla. Estas ideas están basadas en
el origen del capitán Sánchez de Moya, natural de la provincia de Toledo, cercana a Illescas, el
cual fue enviado a las minas del Cobre por orden de la Corona y con la expresa orden de construir
una iglesia donde se venerara a la virgen María; en este caso, la imagen que consta en la historia
fue Nuestra Señora de Guía, Madre de Dios, de Illescas. Otro elemento que sustenta esta teoría es
sobre el color de la Caridad de Illescas es morena como la del Cobre.

Los atributos indígenas cubanos en la devoción de la virgen son muy escasos y están más
relacionados con la interpretación simbólica de la imagen. El color de la piel de Caridad es
asociado en algunos casos a la de los pueblos originarios. En diferentes pasajes se dice que es
mulata (proveniente del folclor africano) y en otras ocasiones la describen de color cobrizo, color
de la tez de los indígenas que poblaban la isla. Los indígenas cobreños ofrendaron sus ritos a esta
virgen, además de que no cabe duda de que fueron obligados a venerarla y rendirle culto, tal y
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como lo hicieron sus esclavistas. Para la cosmovisión indígena cubana siempre existía una
explicación sobrenatural y era relacionada a fenómenos naturales, de igual forma con los nuevos
elementos traídos por los españoles, a los cuales les asignaron poderes provenientes de sus dioses.
Para los indocubanos eran conocidos los ritos lunares y diosas relacionadas con la feminidad,
como la Atabeira, y le colocaban sus vasijas con bebidas y comidas y le rezaban por lo que ciertos
rituales fueron trasladados de su deidad a la imagen de María.

Otro de los elementos que influenciaron en la devoción hacia la V. de la Caridad del Cobre
fue la mirada de la cultura africana, convertida más tarde en la cultura afrocaribeña debido a la
transformación e incorporación de nuevas características propias del Caribe
5. La V. de la Caridad
del Cobre se asocia con Oshún. Esta relación se debe fundamentalmente al cobre como mineral,
pues en la descripción de esta deidad trae consigo prendas de bronce, metal que era muy
significativo para los yorubas. Al respecto, Lydia Cabrera en su libro Yemayá y Oshún señala
sobre Oshún:

…el cobre originalmente le pertenecía, y era dadivosa y complaciente, los Lukumí
[una de las denominaciones del pueblo yoruba en Cuba] la identificaron con Nuestra
Señora de la Caridad del Cobre, que se adoraba en la iglesia parroquial de la villa
del Cobre, en zona abundante en minas de ese metal, a cuatro leguas de la ciudad de
Santiago de Cuba. (Cabrera, 1996: 56)

La extracción del cobre fue una de las actividades económicas más importantes de esta
región. Los colonizadores utilizaron para su extracción mano de obra taína en condición de
esclavos. Debido a la extrema situación a la que eran expuestos y las enfermedades traídas por
los españoles, se produjo casi un exterminio de esta población. Para continuar con el negocio de
la minería se trajo mano de obra proveniente de África, la cual resultó ser más resistente ante estas
labores.

Así se hizo fuerte la presencia de los esclavos africanos en estas minas y dentro de este
contexto aparece la figura de la Caridad, ante esclavos mineros y con expreso llamado a quedarse
en este lugar. Los esclavos comenzaron a venerarla y sin que sus amos los escucharan la
nombraban Yeyé (Madre en yoruba) y por su característica específica de tener su tono de piel
amulatado la relacionaron nuevamente con Oshún, y aunque esta Orisha difiere en su concepción
simbólica con la virgen, es muestra del complejo proceso cultural ocurrido en la Isla.

En la narración histórica aparicionista de la V. de Guadalupe y la V. de la Caridad del
Cobre existen elementos simbólicos, relacionados específicamente con la naturaleza y la visión
sagrada de las culturas originarias de ambos países. La presencia de los cerros como lugares de

5 De este sincretismo entre las creencias africanas y la religión católica nace la santería, culto lucumí o Regla de
Ifá, desarrollada en Cuba a partir de finales del siglo XIX. Esta se deriva de la cultura y religión yoruba, procedente
de África Occidental (Nigeria y Benín) y es una religión politeísta y sus deidades son llamadas Orisha. Cada persona
nace con un orisha que lo protege y se vincula con su personalidad. Cada Orisha es asociado a un santo de la
religión católica.
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veneración es un ejemplo de ello. En ambos casos el lugar escogido por Caridad fue lo más alto
de un cerro, donde se divisa claramente toda la geografía del lugar.

En el centro de México estas montañas eran vistas como deidades (las cumbres nevadas
del Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, el Nevado de Toluca, La Malinche y el Pico de Orizaba) y se les
rendía culto. Además, según los mexicas, debajo de los cerros se encontraban las aguas de la
Tierra, donde se encontraba el Tlalocan (paraíso de los dioses de la lluvia), y de ahí provenía el
agua para la formación de los lagos, ríos y mares.

También es de peculiar importancia que en ambos casos, quienes transitaban por los cerros
y se les apareció la virgen, eran personas originarias del lugar, con Guadalupe a Juan Diego, y
con Caridad del Cobre a una niña nacida en las minas, personajes que conocían bien el entorno,
y que de cierta forma les pertenecía como identidad. Asimismo, en las dos zonas donde se ubican
los cerros en los mitos de aparición, son territorios montañosos y con una fuerte presencia de
temblores de tierra.

En el caso del santuario construido para la Caridad del Cobre, se vio afectado por un
temblor; sin embargo, la virgen quedó intacta por lo que se construyó su templo nuevamente en
la cima y quedó registrado como otra prueba de lo milagrosa que era; y para Guadalupe, su
relación con el sitio que ya era sagrado para la población náhuatl y con una diosa de la cual tenían
una mirada parecida a la concepción de María.

Otro elemento simbólico para el caso cubano es su aparición en el mar. Cuba es un
archipiélago, rodeado por el mar Caribe en todas sus latitudes. La llegada de los primeros
habitantes al territorio, por tanto, fue a través de la navegación, por lo que existe un vínculo
inseparable entre el agua y los habitantes de la Isla. Además, en su composición geográfica existen
numerosos ríos de los cuales se beneficiaron las culturas originarias, y que eran considerados
sitios sagrados y mágicos para ellas. Los acontecimientos dados por los ataques de piratas y
corsarios, luego de estar ya establecida la colonización por parte de los españoles, también han
sido simbólicos para el territorio, por lo que había que procurar la seguridad de los mares por
donde se trasladaban y comerciaban sus nuevos habitantes.

Es por tanto que la aparición de la V. Caridad del Cobre no debió ser de otro modo que, en
el mar, como todo lo que ha arribado a ella y que una vez se apropió y construyó sobre sí misma;
y no ante una embarcación extranjera si no a una canoa (igual que como navegaban las personas
originarias de la Isla), con tres hombres que representaban la clase más pobre de la época.

Una de las características precisamente de estos mitos de aparición de la virgen María y
sus advocaciones en los diferentes territorios, especialmente en Latinoamérica, es asistir a la
población más vulnerable y desposeída del momento, pues la madre de Dios también es
misericordiosa y piadosa con todos, sin distinción económica, política o social. Otra peculiaridad
que presenta la narrativa de aparición para Guadalupe y la Caridad del Cobre es que se presentan
ante hombres que han nacido en el territorio donde son aparecidas, o sea, sujetos que están
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estrechamente vinculados con la naturaleza y el entorno, la cual es propia de ellos, no la
usurparon, si no que fueron fruto de ella y que a pesar de esto continuaban luchando por ese
reconocimiento, pues el privilegio de su suelo se lo adjudicaban aquellos que tenían el poder.

Con el niño negro esclavo que presenció el hallazgo de Caridad del Cobre también existe
una connotación interesante, ya que no podemos hablar de la cultura originaria del lugar si no de
una traída a fuerzas a poblar un nuevo territorio, pero en condición de esclavos y despojados de
toda práctica cultural propia, aunque pese a esto existió resistencia y perseverancia para no
olvidarla; entonces, cómo hacer para aceptar y abrazar esta nueva circunstancia, pues siendo
partícipe también de la historia. Además, su intervención dio paso sin lugar a duda al posterior
sincretismo de la Caridad con su orisha Oshún, lo cual les trajo cierta esperanza y tranquilidad al
no sentirse abandonados.

Como detalle muy curioso y unificador de ambos mitos se encuentra también que estos
hombres ante los cuales se aparecen dichas vírgenes se nombraran Juanes, y es que entonces por
qué Juanes y no Marías, si estamos hablando de la figura femenina más importante dentro de la
religión católica. Es importante comprender que para esta época la mujer seguía siendo la figura
más maltratada y de más baja posición social. Era limitada a los roles de la unidad doméstica, y
también a trabajos pesados y como objeto sexual y reproductivo. Las decisiones importantes eran
tomadas por y para los hombres, por lo que las historias de las mujeres eran ignoradas o ni siquiera
existían.

El nombre Juan proviene del hebreo Yôḥānnān, que significa “hombre fiel a Dios”, y el
cual se ha extendido a lo largo del mundo con formas diferentes de escritura y pronunciación.
Este nombre ha estado presente en la historia a través de muchos personajes vinculados con la
narración bíblica. Su popularidad como nombre propio comenzó con los acontecimientos de Juan
el Bautista, predicador judío del siglo I, el cual anunció la llegada de Cristo y era primo de Jesús
de Nazaret. Otro de los personajes con el nombre fue Juan de Patmos, considerado el escritor de
uno de libros de la Biblia.

Así, además, era común que nombraran a los hombres más pobres como Juan y que estos
estuviesen dispuestos a servir, primeramente, a Dios y a sus amos, pues también se interpreta
como un sujeto que es adaptable o ignorante, con una historia que se necesita quebrar o modificar
pues no es vista como la verdadera y solo se logra mediante la invisibilización propia del sujeto
y la conversión hacia la cultura que sí es la válida, pues para muchos ni siquiera estos sujetos
tenían historia propia. Por tanto, Juan sería la representación no solo de un hombre si no de un
estrato social.

Juan Diego Cuauhtlatoatzin, según lo escrito por Luis Lasso de la Vega, fue un indígena
chichimeca, nacido en Tlayácac, territorio perteneciente a Texcoco. Su primera mención histórica
está presente en el Nican Mopohua, donde hace referencia de sí mismo como un pobre hombre al
decirse como “un infeliz jornalero, solo soy como la cuerda de los cargadores, en verdad soy
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angarilla, soy llevado a cuestas, soy una carga” (León, 2000, p. 61). Algunos académicos
defienden la teoría del origen noble de Juan Diego, pero en la narración del mito él se dirige a la
virgen como un hombre pobre y expresa su diferencia con los “apreciados nobles”, los cuales
tienen el poder. Dentro de la cultura nahua también existían estratos sociales, los pipiltin (los de
linaje) y los macehualtin (la gente común o del pueblo), considerándose Juan Diego dentro de
estos últimos.

Los Tres Juanes son también personajes pobres y aún peor, pues son esclavos mineros. Sus
vidas estaban regidas por los mandatos de sus mayorales y eran sometidos a condiciones
infrahumanas y carecían de educación. En el relato de aparición solo Rodrigo de Hoyos sabía leer,
pudiendo entender el letrero que traía la virgen consigo. La mayoría de los esclavos eran de
procedencia africana, de diferentes naciones, haciendo mención en los escritos del mito a esclavos
mondongos y de Angola, los cuales pertenecían a la nación Bantú.

Es por ello que Juan Diego y los “Tres Juanes” son personajes que integran la clase más
baja de la época, son sujetos que sí tienen una historia propia pero que ante sus colonizadores
representan la ignorancia y el barbarismo, por lo que se necesita un cambio para culturizarlos, y
ese cambio inicia aceptando la presencia de un Dios de origen blanco y católico y de una madre
protectora elegida por este mismo señor.

Por otro lado, la idea de que estos protagonistas sean hombres valida la tesis de que María
es la elegida para engendrar al Salvador, eligiendo a estos sujetos para protegerlos y amarlos, y
que a pesar de no ser producto inmediato de la obra de Dios, serán el producto de la nueva
constitución de la sociedad, bendecidos de manera divina, reafirmando de esta forma,
nuevamente, la mirada de maternidad de la virgen y su enlace entre los hombres y lo divino.

En la narrativa de las apariciones marianas en América Latina y el Caribe existe el
acontecimiento de la virgen de Los Ángeles en Costa Rica, donde se aparece ante una mujer
llamada Juana. De igual manera Juana era una joven mulata que vivía en un poblado llamado La
Puebla de los Pardos; se presentó ante ella de forma milagrosa por consecutivas veces, hasta que
el sacerdote del pueblo confirma el origen divino de la imagen. Llama la atención cómo la historia
de Juana, a pesar de tener una similitud con las narraciones de aparición de María, adquiere una
connotación diferente.

Con el hallazgo de “La Negrita”, llamada así a la virgen de los Ángeles de Costa Rica,
existe una desaparición histórica de Juana. Muchos afirman que sí fue un personaje real, pues está
presente en los documentos de la época y que la Iglesia pudo comprobar. Lo cierto es que el
Arzobispo de San José, Monseñor Víctor Sanabria Martínez en sus investigaciones intentó
recuperar información sobre Juana, pero no tuvo éxito, pues la mayoría de las mujeres de este
pueblo llevaban este nombre y el apellido Pereira era muy común, por lo que en los registros
constaban más de una Juana Pereira.
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Es por ello que se nombró así a la mulata que encontró a la virgencita, sin importar de
dónde provino o quién era; ella era la representación de todas las mujeres del lugar, porque todas
las mujeres tienen una única historia la cual no era relevante contar. La historia de las mujeres
está implícita en María, en el modelo de mujer que la Iglesia quería para sus ciudadanas, la
portadora del fruto divino que no es más que sus hijos los salvadores.

Los hombres por tanto son los portadores del conocimiento, son los capaces para
transformar y proveer en estas condiciones históricas. A través de ellos se representa y se entiende
el panorama político y religioso de cualquier época. No es difícil comprender entonces por qué
los elegidos por la nueva figura femenina, aquella que sí es sacrificada, obediente y validada por
el señor divino, escoja a hijos, hombres, y no a mujeres, las cuales siguen siendo pecadoras y
desobedientes. También porque la palabra de los hombres es validada ante la sociedad, mientras
que la de las mujeres debe ser aprobada por un hombre para ser veraz; por tanto, quién iba a
creerle a una mujer que fuera contando tal aparición de una supuesta mujer divina. Estas acciones
no son más que la presencia de la configuración patriarcal de la sociedad que se ha manifestado
durante siglos y que aún permanece.

Además, la figura de Los Tres Juanes y Juan Diego lleva un mensaje en relación con las
culturas originarias del territorio de Cuba y de México. No es coincidencia que las vírgenes no se
aparezcan a españoles, los cuales ya tenían su fe bien arraigada. Se necesita el convencimiento
para estos sujetos que desconocen esta fe, y que padecen y reclaman a sus deidades una mejor
vida. Quién más que ellos para ser escuchados y atendidos por la Santísima virgen, mediante la
cual serán incluidos y aceptados dentro de la compleja realidad que vivían, lo que contribuyó
posteriormente al establecimiento de una nueva ideología y a la implementación de un proyecto
de estado nación en ambos territorios producto del mestizaje.

La visión del propósito femenino está muy presente en la idea que tienen las mujeres sobre
la virgen y que en cierta medida está sustentada con el hecho de ser madres de hombres. La
historia de la virgen María no es más que el sacrificio para que este señor Jesucristo viva y se
convierta en el salvador, y que conlleva un proceso de depuración pues la mujer que lo lleva en
su vientre de igual forma tiene que ser pura, pues las mujeres según esta lógica no lo son. En el
mito sobre Guadalupe y Caridad las figuras masculinas son muy importantes, porque a pesar de
que la primera estuviese en cinta y la segunda ya sostuviera al niño Jesús en sus manos, los
personajes a los cuales se le aparecen son hombres:

Ya había entregado a su hijo, a lo mejor ahí vio reflejado ella a su hijo y por eso se le
apareció a un hombre o porque los hombres iban a ser como protectores de las mujeres.
(Entrevista, Carmen Liévano, 42 años).

Muchas lo expresan como esta dualidad que debe existir entre hombres y mujeres, donde
la virgen se apoya en su hijo, pero a la vez también puede ser visto como esposo y compañero de
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las mujeres por eso el motivo por el cual es elegido, para que proteja, acompañe y complemente
a las mujeres (Entrevista, Angélica María, 54 años).

El mito de aparición sobre Caridad y Guadalupe también influye y está presente en la forma
en la que viven o entienden la devoción las mujeres. Relacionan la presencia de estos personajes
masculinos con la importancia de los pueblos originarios que estos representaban y con la
confianza de la virgen para con ellos:

Lo que cuentan antes en la montaña, allá en la Ciudad de México, la que le llaman la iglesia
Tepeyac, es que un día iba caminando el hijo ese, el Juan Dieguito y apareció la virgen y entonces
la virgen, es su hijo el san Juan Dieguito. Le tuvo mucha fe por eso volvió santo, o sea, dijera que
es su mano derecha como buen hijo. (Entrevista, Catalina Ico Arra, 53 años).

En el caso de Caridad, lo relacionan con la situación económica que se vivía en la isla al
ser personajes esclavos y sufrir las más inhumanas condiciones: “fue una época donde los
hombres eran el sustento del hogar, eran los que salían a pescar y por esa razón eran los que
estaban necesitados de su protección bajo esa tormenta” (Entrevista, Addys Caridad Chacón, 35
años).

La historia de las deidades mujeres mesoamericanas y del Caribe tienen un hilo conductual
que las hace sincretizarse en María, esto es el tema de la virginidad, lo que reafirma aún más el
propósito de la iglesia católica sobre la idea de la función social de las mujeres y la visión
patriarcal de las sociedades. Otros elementos se unifican en la narración y en la imagen de
Guadalupe y Caridad relacionadas con las culturas originarias, pero que no la convierten del todo
en esa deidad que veneraban anteriormente. A la par de este proceso se gestaba el proceso de
mestizaje en la sociedad y para reforzar esta idea se debía sustentar también a través de la religión.

CONCLUSIONES

Es por esto que la virgen de Guadalupe y Caridad sería mestiza, ya no española, ya no
indígena, la unión entre ambos, algo nuevo, mejor, más abarcador según la mirada del nuevo
estado nación. Pero el proceso de mestizaje tiene una mirada un poco más bilógica, al relacionarse
con la formación de una nueva clase social derivada de la actividad sexual entre diferentes grupos
étnicos. A partir de este fenómeno se deriva entonces la definición de una cultura y religión
diferente y esto se explica a través del concepto de mixturación. Este término hace alusión
precisamente a la combinación de elementos entre diferentes procesos que se reafirman en uno
mismo.

Guadalupe y Caridad tienen antecedentes españoles, imágenes que tienen una historia
diferente a la contada en México y Cuba; así como la influencia de las deidades de los pueblos
originarios, pero no se superpusieron unos a otros, se entrelazaron para formar una narración
única. Por tanto, no es la lucha por definir qué tan española, indígena, africana o taína es Caridad
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y Guadalupe, si no que en ellas está presente un poco de todo esto, lo que las hace precisamente
únicas.

Esto posibilitó que las imágenes de ambas vírgenes fueran utilizadas para propósitos
políticos afianzándose en la devoción por parte de sus seguidores y seguidoras para llevar un
mensaje de unificación en el caso de México y una aparente reconciliación entre Estado-Iglesia
en Cuba, gracias a la identificación del pueblo con la narrativa y las características iconográficas
de las vírgenes en alusión al pueblo mestizo.

La figura masculina en el mito de aparición de Guadalupe y Caridad también tiene una
relevancia histórica y un propósito marcado. Desde aquí vemos la evidente imposición de un
sistema patriarcal donde sitúa a las mujeres al servicio de los hombres; la mujer como procreadora
de los personajes que cambian y transforman el mundo. Estos principios no vienen solo de la
ideología católica, también parten de las religiones mesoamericanas y aunque en estas las
deidades femeninas ocupaban una función diferente a la figura de la virgen María, aún seguían
bajo la sombra de las deidades masculinas. Estas nociones todavía tienen influencia en la
cotidianidad actual, aunque en cierta medida se ha ido desmitificando los roles impuestos sobre
cómo deben verse las mujeres devotas de María.

Al estar relacionadas con la maternidad, es inseparable pensarla como ideal femenino,
aunque en ciertos aspectos es noble y amorosa, también es inquebrantable, fiera como una madre
cuando defiende a sus crías y como toda mujer que defiende su posición y derechos. Por estas
razones han sido estandarte de lucha de muchos movimientos sociales, los cuales han defendido
su postura, su libertad, llevándolas como guías. Por tanto, a lo largo del tiempo se ha ido
desmitificando la idea de la mujer sumisa que nos han querido mostrar precisamente a través de
la virgen (aunque no se ha perdido del todo porque la iglesia sigue aferrándose a otras
concepciones) pero en la actualidad, las mujeres que se salen de estos marcos estereotipados
también encuentran guías en Guadalupe y Caridad.
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