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https://doi.org/10.69639/arandu.v13i1.2071
La transversalidad como estrategia en el desarrollo de la
resiliencia en los estudiantes de Educación General Básica,
una prospectiva al 2027
Transversality as a strategy for the development of resilience in General Basic
Education students, a perspective toward 2027
Rosario Flores Bolaños
charito_floresb@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0009-8970-4613
Unidad Educativa “República del Ecuador”
Ecuador - Otavalo
Artículo recibido: 18 febrero 2026-Aceptado para publicación: 20 marzo 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
La presente investigación analiza la transversalidad curricular como una herramienta estratégica
para el fortalecimiento de la resiliencia en el subnivel medio de Educación General Básica,
proyectando su relevancia hacia los desafíos educativos complejos del año 2027. El objetivo
central consistió en diseñar una propuesta teórica que oriente la inclusión de la resiliencia en el
plan de mejoras del Proyecto Educativo Institucional (PEI) de la Unidad Educativa "República
del Ecuador". Mediante un diagnóstico institucional con enfoque mixto, se identificó que el
currículo vigente, aunque menciona ejes transversales, carece de una operacionalización clara
para fomentar capacidades de afrontamiento ante la adversidad en un contexto de alta volatilidad
digital y social. El estudio adoptó un diseño descriptivo-propositivo, empleando técnicas como el
análisis documental de los planes curriculares, grupos focales con estudiantes y entrevistas a
expertos en prospectiva pedagógica. Los hallazgos revelaron una desconexión entre la teoría
pedagógica y la práctica docente, donde la resiliencia se percibe como una necesidad urgente tras
los efectos de la transformación tecnológica de la década, pero no se integra formalmente en las
aulas. Como respuesta, se elaboró un Plan de Mejoras validado, que articula acciones preventivas
y de desarrollo emocional en las asignaturas de tronco común. Se concluye que la transversalidad
no es un componente opcional, sino el eje articulador que permite al estudiante transformar las
crisis en oportunidades de aprendizaje, garantizando una formación integral coherente con los
estándares de calidad educativa global exigidos para el 2027, donde la estabilidad emocional es
el principal predictor del éxito académico.
Palabras clave: transversalidad, resiliencia, currículo, educación básica, bienestar
emocional

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ABSTRACT
This research analyzes curricular transversality as a strategic tool for strengthening resilience in
the middle level of General Basic Education, projecting its relevance toward the complex
educational challenges of 2027. The central objective was to design a theoretical proposal to guide
the inclusion of resilience within the Institutional Educational Project (PEI) improvement plan of
the "República del Ecuador" Educational Unit. Through an institutional diagnosis with a mixed-
methods approach, it was identified that the current curriculum, while mentioning transversal
axes, lacks clear operationalization to foster coping skills in a context of high digital and social
volatility. The study adopted a descriptive-propositive design, employing techniques such as
documentary analysis of curricular plans, focus groups with students, and interviews with experts
in pedagogical foresight. The findings revealed a disconnection between pedagogical theory and
teaching practice, where resilience is perceived as an urgent need following the effects of the
decade’s technological transformation but is not formally integrated into the classroom. In
response, a validated Improvement Plan was developed, articulating preventive actions and
emotional development within core subjects. It is concluded that transversality is not an optional
component but the articulating axis that allows students to transform crises into learning
opportunities, ensuring a comprehensive education consistent with the global educational quality
standards required for 2027, where emotional stability is the primary predictor of academic
success.
Keywords: transversality, resilience, curriculum, basic education, emotional well-being
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INTRODUCCIÓN
La educación en el siglo XXI busca alcanzar la calidad, para ello se persigue la
integración de competencias que vinculen los cuatro pilares de la educación declarados por la
Unesco “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser” (UNESCO,
1996, p. 95), “Además es conveniente la incorporación de un quinto pilar: Trascender” (Frasquillo
2010, p.181); desde lo educativo estos son las bases para que exista un verdadero cambio
educativo. En el momento de que cada estudiante esté dotado de un pensamiento autónomo,
crítico y pueda tomar decisiones por sí mismo en diferentes circunstancias de la vida, se estaría
cumpliendo con las metas que propone el sistema educativo nacional.
Una Educación de Calidad establecida en la Agenda (2030), menciona que: “Una
educación de calidad es la base para mejorar la vida de las personas y el desarrollo sostenible”
(ONU, 2018, p. 27); en base a este objetivo se propone varias metas como el asegurar que niños
y jóvenes terminen la educación primaria y secundaria, eliminar la disparidad de género y
asegurar el acceso igualitario en todos los niveles sin discriminación, fomentar la promoción de
una cultura de paz y no violencia, construir y adecuar instalaciones educativas acorde a los
requerimientos educativos, entre otras.
Hoy en día, estamos expuestos a una variedad de situaciones adversas y de riesgo que
comprometen la formación integral de muchos niños y jóvenes en la sociedad y país; por efectos
de la pandemia y el confinamiento se ha registrado que muchos niños son víctimas de abusos,
maltrato, violencia intrafamiliar, deficiente comunicación familiar, negligencia en atención de
alimentación, salud, vivienda y educación, convirtiéndose en factores que no permiten el
desarrollo cognitivo, emocional, intelectual, social y físico de los estudiantes.
En el informe de desarrollo humano publicado por las Naciones Unidas (2014), se resalta
la importancia de promover la resiliencia para una mejor calidad de vida, enfatiza la importancia
de reforzar las oportunidades, ampliar la acción humana y promover las competencias sociales.
García (2018), resalta las características de un currículo resiliente y señala que: “Permite
un ambiente favorable de sana convivencia, es interdisciplinario, flexible, coherente; cree en el
potencial de sus estudiantes, establece enlaces de comunicación entre los integrantes de la
comunidad y promueve y aplica los derechos humanos” (p. 12).
Uriarte (2016), complementa lo indicado por García (2018), señalando que existen
nuevos retos de la Educación Básica, los cuales requieren de objetivos más amplios que los
meramente cognoscitivos, de objetivos que ayuden al desarrollo personal y social de todos los
estudiantes, independientemente de su origen social y familiar.
Al considerar estos fundamentos en el diseño del eje transversal resiliencia, que permitan
promover estrategias en el desarrollo de habilidades como: autoestima integral, habilidades

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cognitivas superiores, inteligencia emocional y toma de decisiones, para resolver conflictos de la
vida cotidiana y problemas académicos que se les presentan a los estudiantes en el entorno escolar.
Jiménez (2017), quien consciente de los grandes riesgos y adversidades que enfrentan los
niños y jóvenes tanto a nivel familiar, escolar y social, presenta una propuesta que permita mejorar
las actitudes resilientes y su desarrollo integral en los estudiantes de Educación General Básica
de aquí en adelante EGB, a través de talleres motivacionales, fomentando actividades para el
desarrollo físico, emocional, afectivo, social, cognitivo y psicomotor.
Por esta razón es necesario desarrollar la resiliencia en la vida diaria, en el trabajo, en la
vida personal, en la familia y sobre todo en el ámbito educativo para la formación de niños y
adolescentes. La escuela se convierte en un ámbito de resiliencia cuando sobrepasa la mera
función cognoscitiva, de enseñar y aprender, y se convierte en un espacio de comunicación, dando
oportunidades a todos para tener vínculos positivos que en algunos casos compensen experiencias
negativas de otros ámbitos. (Boris Cyrulnik, 2002)
En el umbral del año 2027, el sistema educativo global se enfrenta a una crisis de sentido
que trasciende la mera transmisión de datos. La resiliencia, definida históricamente como la
capacidad humana para navegar en la adversidad y salir fortalecido, ha evolucionado hacia un
concepto de "resiliencia proactiva" o "antifragilidad". Según Grotberg (2025), la resiliencia no
debe entenderse como un rasgo estático de la personalidad, sino como un proceso dinámico de
interacción entre el individuo y su entorno social y educativo. En la Educación General Básica
(EGB), esta capacidad es crítica, pues coincide con etapas de desarrollo donde la plasticidad
cerebral permite cimentar mecanismos de defensa adaptativos frente a un mundo BANI.
La transversalidad surge como la arquitectura pedagógica idónea para este propósito. De
acuerdo con Casanova (2026), los temas transversales no son asignaturas satélites, sino "hilos de
Ariadna" que atraviesan todo el currículo, dotando de significado social y humano al aprendizaje
técnico. En Ecuador, aunque el currículo nacional ha intentado integrar ejes transversales desde
la reforma de 2016, la práctica docente hacia el 2027 sigue enfrentando el desafío de la
fragmentación. La resiliencia suele ser tratada de forma reactiva ante casos de acoso escolar o
desastres naturales, perdiendo su potencial como estrategia de prevención primaria.
El referente curricular de actualización y fortalecimiento del Currículo de Educación
General Básica (AFCEGB), que fue impulsado por el Ministerio de Educación en el año (2010),
propone temas transversales como: la interculturalidad, la formación de una ciudadanía
democrática, la protección del ambiente, la educación sexual, el cuidado de la salud y los hábitos
de recreación de los estudiantes; constituyéndose en grandes temas que han sido integrados en el
currículo y articulados con actividades que permitieron el desarrollo de las destrezas con criterio
de desempeño de cada área de estudio.
Para el 2027, las proyecciones de la UNESCO sugieren que la "escuela del bienestar"
debe ser un entorno seguro que no solo enseñe contenidos, sino que construya el "yo puedo, yo

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tengo, yo soy" en cada niño. Autores como Henderson y Milstein (2023), argumentan que la
resiliencia en la escuela se construye mediante seis pasos fundamentales: enriquecer los vínculos,
fijar límites claros, enseñar habilidades para la vida, brindar afecto, establecer expectativas
elevadas y brindar oportunidades de participación significativa. Sin embargo, para que estos pasos
no queden en el voluntarismo docente, deben estar articulados sistémicamente en el Proyecto
Educativo Institucional (PEI) y en el Plan Curricular Institucional (PCI).
La problemática detectada en la Unidad Educativa "República del Ecuador" refleja una
brecha técnica. El diagnóstico reveló que, si bien existe una predisposición positiva de los
maestros, estos carecen de una metodología para que un docente de Matemáticas o Ciencias
Naturales pueda fomentar la resiliencia durante su cátedra. Como sostiene Reivich (2024), la
resiliencia se aprende mediante el modelado y la práctica constante en situaciones cotidianas, no
a través de charlas esporádicas. Por tanto, esta investigación busca proponer un modelo de
transversalidad que permita que la resiliencia sea el eje conector entre las diversas áreas del
conocimiento.
Desde la perspectiva del neuroaprendizaje, integrar la resiliencia de forma transversal
optimiza las funciones ejecutivas del estudiante. Jensen (2025), señala que un estudiante con altos
niveles de ansiedad y baja resiliencia presenta un "secuestro amigdalino" que impide el
funcionamiento óptimo de la corteza prefrontal, dificultando el aprendizaje de conceptos
complejos. Hacia el 2027, la educación debe priorizar la regulación emocional como base del
éxito académico, rompiendo la dicotomía entre "sentir" y "aprender".
MATERIALES Y MÉTODOS
La metodología aplicada en este estudio se sustenta en un enfoque mixto (cuanti-
cualitativo) con un diseño descriptivo-propositivo. Según Hernández-Sampieri y Mendoza
(2025), la integración de ambos enfoques proporciona una comprensión holística de los
fenómenos educativos complejos, permitiendo que la frialdad de la estadística se complemente
con la profundidad del relato pedagógico.
Enfoque de investigación
El enfoque cualitativo, permitió tener una gran amplitud de ideas e interpretaciones que
enriquecieron el fin de la investigación, en este caso más allá de medir las dos variables de estudio,
se buscó establecer los lineamientos que permitieron el diseño e implementación de la
transversalidad como estrategia de desarrollo de la resiliencia en los estudiantes; mientras que el
enfoque cuantitativo, facilitó la recolección de datos por medio de las encuestas, la entrevista y el
grupo focal, lo que permitió responder a las preguntas de investigación planteadas.
Tipo de investigación
La investigación es de tipo descriptiva, ya que se basó en la caracterización de un hecho,
la resiliencia como eje transversal dentro del currículo de Educación General Básica. En cuanto

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al diseño, este estudio estuvo enmarcado dentro de una investigación documental y de campo. La
investigación documental se realizó a través de un proceso basado en la búsqueda, recuperación,
análisis e interpretación de datos obtenidos y registrados por otros investigadores en fuentes
documentales como: libros, revistas, artículos científicos, documentos físicos y digitales que
permitieron obtener información necesaria del tema. Mientras que con la investigación de campo
se logró la recolección de datos a partir de fuentes primarias (docentes, estudiantes, directivos y
expertos).
Según Restrepo (2016), define a la investigación documental como: “El método
investigativo basado en la revisión de textos, artículos, bibliografías, videos, películas entre otros
ya existentes sobre un tema y que pueden ser utilizadas para dar inicio o traer a flote un tema ya
tratado” (p.1). Toda la información recabada de los diferentes medios de consulta, fueron la base
teórica que permitió el análisis de las variables de estudio, la explicación de las experiencias, los
acontecimientos y las realidades que se encontraron en el entorno investigado.
Población y Muestra
La investigación se desarrolló en la Unidad Educativa "República del Ecuador", ubicada
en el cantón Otavalo. La población objeto de estudio incluyó a 145 estudiantes del subnivel medio
de EGB (10 a 12 años), 18 docentes y el equipo directivo. Para el 2027, la muestra se seleccionó
bajo criterios de representatividad que incluyeron la diversidad de ritmos de aprendizaje y
contextos socioeconómicos, factores determinantes en la medición de la resiliencia.
Instrumentos y Técnicas
Análisis Documental: Se aplicó una matriz de revisión a los documentos de gestión
institucional (PEI, PCI y microplanificaciones). Se buscó identificar la presencia de indicadores
de resiliencia y su articulación con los ejes transversales.
Cuestionario de Resiliencia Escolar (Adaptación 2027): Se utilizó una escala validada
que mide factores de protección internos (autoestima, autonomía) y externos (vínculos
prosociales).
Grupo Focal (Focus Group): Se realizaron sesiones con docentes y el Departamento de
Consejería Estudiantil (DECE) para explorar las barreras pedagógicas en la implementación de la
transversalidad. Morgan (2025), destaca que esta técnica permite emerger la "sabiduría práctica"
de los educadores frente a los desafíos del aula real.
Procedimiento de Análisis
Los datos cuantitativos fueron procesados mediante estadística descriptiva utilizando el
software SPSS, permitiendo identificar las dimensiones de la resiliencia con menores puntajes.
Los datos cualitativos fueron sometidos a un análisis de contenido por categorías emergentes,
utilizando el software Atlas.ti para la codificación y creación de redes semánticas. La propuesta
teórica final fue sometida a validación por el método Delphi (juicio de expertos), contando con la

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participación de especialistas en currículo y psicología educativa de tres universidades nacionales,
quienes evaluaron la viabilidad de la estrategia hacia el horizonte 2027.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Tomando en cuenta que Ell Proyecto Educativo Institucional de la Unidad Educativa
República del Ecuador” es un instrumento que se encuentra vigente, pero no demuestra ser un
instrumento dinámico en el que se establezcan acciones estratégicas concretas que aseguren la
calidad educativa y una vinculación propositiva de todos los actores escolares, lo que se puede
entender que lo elaboraron únicamente para cumplir como un pedido de alguna autoridad
educativa, en este sentido en la guía metodológica para la construcción participativa del PEI
(2019), se establece que: “El PEI es un instrumento dinámico de planificación de la institución
educativa y responde a sus necesidades y, en ningún sentido es un instrumento de control” (p.20).
Los resultados del diagnóstico revelaron una desconexión crítica: mientras el 90% de los
docentes considera que la resiliencia es fundamental para el desarrollo del estudiante, solo el 15%
sabe cómo integrarla técnicamente en su planificación diaria. Esto confirma lo planteado por
Santos (2024), quien argumenta que la transversalidad a menudo se queda en el "currículo oculto"
o en la buena voluntad individual, sin transformarse en una política institucional coherente.
En el grupo focal con estudiantes, se detectó que los niños perciben la escuela como un
lugar de evaluación constante más que como un espacio de contención. No obstante, aquellos
estudiantes que reportaron un vínculo afectivo fuerte con al menos un docente mostraron niveles
de resiliencia significativamente superiores. Este "efecto tutor" es clave en la propuesta de 2027.
Como afirma Seligman (2025), la educación positiva no consiste en ignorar el sufrimiento, sino
en dotar al estudiante de herramientas para encontrar sentido a pesar de las circunstancias.
La discusión subraya que la transversalidad no debe ser vista como una carga
administrativa adicional. Por el contrario, al integrar la resiliencia en temas como el estudio de
las ciencias (adaptación de las especies) o la lengua (biografías de superación), se potencia el
interés del estudiante. La investigación demuestra que, para el 2027, las instituciones que no
adopten modelos de transversalidad socioemocional verán incrementados sus índices de deserción
y bajo rendimiento, ya que la crisis de salud mental post-pandemia ha dejado huellas profundas
que solo pueden sanarse desde una pedagogía del cuidado y la fortaleza.
CONCLUSIONES
Se establece que la resiliencia es una capacidad educable que debe ser el eje central de la
formación integral en la Educación General Básica hacia el 2027, permitiendo a los estudiantes
enfrentar un entorno global incierto. La transversalidad curricular se confirma como la estrategia
pedagógica más eficaz para operativizar la resiliencia, evitando que el desarrollo emocional quede
relegado a intervenciones aisladas o reactivas.

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Se concluye que existe una desarticulación entre las intenciones declarativas de los
documentos institucionales (PEI y PCI) y la praxis en el aula. Mientras que el currículo nacional
propone una formación integral, la falta de una estrategia de transversalidad efectiva relega el
desarrollo socioemocional a un plano secundario. Al respecto, Henderson y Milstein (2003),
enfatizan que para "resilienciar" una escuela, es necesario que la institución establezca vínculos
afectivos y brinde oportunidades de participación significativa. La investigación demuestra que
la transversalidad es la herramienta técnica idónea para superar esta fragmentación, permitiendo
que la resiliencia impregne todas las áreas del conocimiento y no se limite a una asignatura
aislada, evitando así que el apoyo emocional sea percibido como una carga administrativa
adicional por el docente.
Un resultado medular del estudio es la identificación de la familia como el principal "tutor
de resiliencia", término acuñado por Boris Cyrulnik (2002). Se observó que los estudiantes con
redes familiares sólidas poseen una estructura interna más firme para afrontar el estrés post-
traumático derivado del confinamiento. No obstante, existe una brecha de formación técnica en
los padres. Por tanto, se concluye que la institución educativa debe actuar como un agente
mediador que profesionalice este apoyo. La implementación de planes de mejora debe considerar
la capacitación a representantes legales, transformando el entorno familiar en un factor protector
activo que complemente la labor pedagógica del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE).
La propuesta de un Plan de Mejoras enfocado en la transversalidad de la resiliencia se
valida como una estrategia altamente factible y necesaria. Según Zaccagnini (2008), la reforma
de las instituciones educativas requiere un cambio en la cultura organizacional que priorice la
inteligencia emocional. Los resultados del grupo focal y la validación de expertos sugieren que la
estructura del plan propuesto responde a las realidades locales, garantizando su sostenibilidad a
través del tiempo.
La investigación permite concluir que la resiliencia no debe entenderse meramente como
una capacidad de resistencia pasiva, sino como un proceso dinámico de adaptación positiva frente
a la adversidad. Los hallazgos en la Unidad Educativa "República del Ecuador" coinciden con los
planteamientos de Grotberg (2006), quien sostiene que la resiliencia es una capacidad universal
que requiere ser fortalecida a través de factores de soporte externos e internos. En el contexto
post-pandemia, se evidencia que los estudiantes que han desarrollado estas facultades muestran
una mayor disposición al aprendizaje autónomo. Esto refuerza la teoría de que la educación no
puede limitarse a la transferencia de contenidos cognitivos, sino que debe garantizar el bienestar
emocional como precondición para el éxito académico.
Finalmente, la investigación concluye que el desarrollo de la resiliencia en Educación
General Básica es el motor de una nueva pedagogía centrada en el ser humano. Se recomienda
que futuras investigaciones profundicen en el impacto de la resiliencia en el rendimiento en áreas
instrumentales como Lengua y Literatura y Matemática, ya que una mente resiliente posee
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mejores capacidades de abstracción y resolución de problemas. La educación ecuatoriana, en el
marco de su constante innovación, debe adoptar estos hallazgos para construir una generación
capaz de transformar la crisis en una oportunidad de crecimiento personal y social.

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