Vol. 11/ Núm. 2 2024 pág. 1696
https://doi.org/10.69639/arandu.v11i2.366
Estrategias de Afrontamiento y Riesgo Suicida en Estudiantes
Universitarios
Coping Strategies and Suicidal Risk in College Students
Michelle Estefania Toro Astudillo
michelle.toro@unach.edu.ec
https://orcid.org/0009-0003-0894-6394
Universidad Nacional de Chimborazo
Ecuador Riobamba
Joel Santiago Barreno López
joel.barreno@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-5385-5411
Universidad Nacional de Chimborazo
Ecuador Ambato
Artículo recibido: 20 septiembre 2024 - Aceptado para publicación: 26 octubre 2024
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar
RESUMEN
Las estrategias de afrontamiento son aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales que utiliza el
ser humano para controlar situaciones específicas percibidas como estresantes, mientras que, el
riesgo suicida equivale a los factores interpersonales e intrapersonales que incrementan la
posibilidad y desempeñan un papel determinante para llevar a cabo el acto suicida. El objetivo de
este estudio fue examinar las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida en estudiantes
universitarios. Para ello se eligió un estudio mediante un diseño no experimental, de tipo
cuantitativo con alcance descriptivo y correlacional de corte transversal; participaron 150
estudiantes de una universidad privada del Ecuador, 103 mujeres (68,7%) y 47 hombres (31.3%)
con una edad media de 24,8 años. A quienes se les aplicó el Inventario de estrategias de
afrontamiento y la Escala de Riesgo suicida de Plutchik. Los resultados muestran una correlación
muy débil entre las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida (p =0.087), las estrategias
predominantes fueron la retirada social (23,3%) y el apoyo social (19,3%). Con respecto al riesgo
suicida el 53,3% no reveló riesgo y el 34,7% un riesgo leve, asimismo, no se hallaron diferencias
estadísticamente significativas entre las estrategias de afrontamiento, riesgo suicida y el sexo de
los participantes. Se concluyó que no existe asociaciones significativas entre las estrategias de
afrontamiento y el riesgo suicida de los estudiantes universitarios.
Palabras clave: afrontamiento, riesgo suicida, suicidio, universitarios
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ABSTRACT
Coping strategies refer to the cognitive and behavioral efforts individuals use to manage situations
perceived as stressful. At the same time, suicide risk encompasses interpersonal and intrapersonal
factors that increase the likelihood of a suicidal act and play a crucial role in its execution. This
study aimed to explore the relationship between coping strategies and suicide risk among
university students. A non-experimental, quantitative, cross-sectional descriptive, and
correlational study was conducted with 150 students from a private university in Ecuador,
comprising 103 women (68.7%) and 47 men (31.3%) with an average age of 24.8 years. The
Coping Strategies Inventory and Plutchik's Suicide Risk Scale were utilized.The findings revealed
a very weak correlation between coping strategies and suicide risk (p = 0.087), with the most
common strategies being social withdrawal (23.3%) and seeking social support (19.3%). In terms
of suicide risk, 53.3% of participants showed no risk, while 34.7% exhibited mild risk.
Furthermore, there are no statistically significant differences between coping strategies, suicide
risk, and gender. The study concluded that there is no significant association between coping
strategies and suicide risk among university students.
Keywords: coping, suicide risk, suicide, university students
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INTRODUCCN
La educación superior trae consigo nuevos desafíos, siendo la transición entre la
adolescencia y juventud, caracterizado por enfrentar demandas de eventos estresores con mayor
exigencia, pues este periodo no implica solo confrontar demandas académicas más fuertes, sino
también hacer frente a nuevas condiciones personales como la percepción de apoyo social, la
situación socioeconómica, las habilidades adaptativas, estos factores han sido asociados como
determinantes para la construcción de la identidad y personalidad (Flórez et al., 2020; Freire et
al., 2020; Melaku & Bulcha, 2021). En este sentido es importante como los estudiantes afrontan
estos nuevos retos y que como se adaptan a diversas situaciones tanto académicas, sociales o
familiares, pues estos eventos pueden asociarse directa o indirectamente con las habilidades de
afrontamiento (Al khawaldeh, et al., 2023).
Es así que, las estrategias de afrontamiento desempeñan un rol crucial pues son
habilidades que se encuentran presente en el ser humano desde la primera infancia, y se
consolidan acorde al contexto y del aprendizaje en el que el individuo se ha relacionado
(Masapanta & Núñez, 2023). Se pueden expresar de forma consciente o no en el individuo
(Moran, et al., 2019). Cuyo objetivo es controlar situaciones específicas externas o internas que
sean percibidas como exacerbantes ante los recursos que posee la persona (Lazarus & Folkman,
1984).
En este sentido, Valdivieso et al. (2020) menciona que el afrontamiento es un proceso de
autorregulación que permite neutralizar las consecuencias, mientras el individuo identifica las
discrepancias entre la situación y los recursos biopsicosociales. A esto se lo denominó como
evaluación cognitiva, según Lazarus y Folkman (1986), tiene como objetivo moderar la aparición
de estrés y emociones. La evaluación cognitiva se compone de dos fases: la primera es analizar e
identificar el problema (Montalvo & Simancas, 2019). Y la segunda es encontrar que recursos se
dispone para enfrentar y mitigar las consecuencias de aquella situación (Andreo, Salvador, &
Orteso, 2020).
Es esencial, entonces, explorar el riesgo suicida, definido como, el conjunto de factores
de vulnerabilidad: biopsicosociales, familiares, económicos y culturales que incrementan la
posibilidad y desempeñan un papel determinante para llevar a cabo el acto suicida (Bahamón et
al., 2019ª; González y Picado, 2020; Koppmann, 2020). Van (2019) menciona que estos factores
son una combinación de vulnerabilidades individuales, características psicológicas y estresores
externos que aumenta la mortalidad por conducta suicida (Bahamón, et al., 2019b). En un futuro
o un instante determinado de la vida (Jarrín & Ponce, 2023). Bahamón et al. (2019) menciona que
el riesgo suicida es el primer estadio en el proceso suicida, pues este da lugar a la ideación suicida
y antecede al intento.
Vol. 11/ Núm. 2 2024 pág. 1699
Las estrategias de afrontamiento, al constituir un proceso complejo que integra la
cognición y la conducta, requieren destacar factores externos e internos (Cabras, Konyukhova,
Lukianova, Mondo, & Sechi, 2023). En cuanto a los factores externos, se incluyen elementos
como el entorno sociocultural y las experiencias previas (Morales, 2020). Por otro lado, los
factores internos abarcan variables como la edad, el género, rasgos de personalidad, estilos de
crianza y apego emocional, estas diferencias interpersonales hacen que el individuo reaccione de
manera diferente durante un evento displacentero (Boileau et al., 2022; Masapanta y Núñez,
2023).
Otro de los factores asociados a las estrategias de afrontamiento es la edad, se ha
identificado que influye en la selección de estrategias de afrontamiento, observándose en la
adolescencia temprana entre los 10 a 13 años una tendencia a centrarse en la emoción, mientras
que en la adolescencia media entre los 14 y 16 años se focaliza más en la resolución de problemas
(Mirama et al., 2020; Tacca y Tacca, 2019). Asimismo, los adultos jóvenes suelen utilizar
estrategias más activas, en contraste con los adultos mayores, quienes tienden hacia estrategias de
afrontamiento más pasivas. Por otro lado, investigaciones indican que las mujeres tienden a elegir
estrategias orientadas a la gestión emocional, mientras que los hombres suelen centrarse en la
resolución directa de los problemas (Figueroa et al., 2023; Graves et al., 2021).
De acuerdo con González y Picado (2020) los factores de riesgo se definen como las
características de un subgrupo que eleva la probabilidad o el riesgo de dicho grupo que manifieste
una incidencia más alta de un problema en particular, en el caso del riesgo suicida se ha
identificado factores asociados como: el género, edad, orientación sexual, estado civil (Jarrín &
Ponce, 2023). También se encuentran asociados factores interpersonales como estrés,
insatisfacción con la vida, autoestima, disfunción familiar, disminución de la participación en
relaciones sociales, antecedentes de violencia física, verbal o psicológica o maltrato; factores
socioeconómicos como: desempleo, falta de vivienda y migración (Garg et al., 2022; Soto et al.,
2020; Tamayo et al., 2022).
Entre los factores con mayor prevalencia se encuentran los trastornos mentales, como
ansiedad, estrés post traumático, trastornos de personalidad (Dávila, Vélez, Peñaherrera, &
Sparer, 2024). En particular, los trastornos del estado del ánimo presentan un índice más elevado
de mortalidad, con un 15% de fallecimiento por suicidio en casos de depresión mayor, seguido
por el trastorno bipolar entre 10 al 15% de probabilidad de riesgo de suicidio, mientras que, en la
esquizofrenia, el riesgo de muerte por suicidio aumenta un 8.5 en cuanto a la población en general,
esto quiere decir un 8% atribuible al suicidio en estos casos (Cuesta, Picón, & Pineida, 2022).
De igual forma los trastornos por uso y abuso de sustancias se asocian de forma
significativa al riesgo suicidad, González et al. (2024), en su estudio sobre factores de riesgo
asociados a la conducta suicida en adultos, identificaron el consumo de alcohol y otras drogas
como un factor relevante, con una prevalencia del 16.1 al 50% (Araneda, Sanhueza, Pacheco, &
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Sanhueza, 2021). Además, Böttcher y Garay (2021) destacan que la impulsividad es un elemento
crucial en este contexto, el uso y abuso de estas sustancias altera el proceso de toma de decisiones,
favoreciendo conductas impulsivas que pueden resultar en respuestas rápidas e inflexibles, a
menudo perjudiciales para el individuo (Tabares, Núñez, Osorio, & Aguirre, 2020).
Investigaciones de alcance mundial se ha identificado que el 80% de las muertes por
suicidio se encuentra en países con ingreso bajo o medio de Latinoamérica, sudeste asiático y
menos del 15% de investigaciones provienen de estas naciones (Knipe, Padmanathan, Newton-
Howes, Fong, Chan, & Kapur, 2022). Es así que, Palate y Vásquez de la Bandera (2023)
mencionan que los jóvenes que cursan el tercer nivel de educación están más expuestos a una
conducta de riesgo suicida tras los diversos cambios tanto físicos, psicológicos y emocionales que
se enfrentan pues estas demandas que atraviesan requieren de un alto esfuerzo de los recursos
individuales, Herruzo et al. (2023) han demostrado que las estrategias de afrontamiento pueden
tener efectos variados sobre el riesgo suicida. Es así que, en el ámbito de la educación superior,
se ha considerado el riesgo y conducta suicida es el problema más alarmante a nivel mundial.
Del mismo modo, estudios como el de García (2022), Selak et al. (2024) y Stanley et al.
(2021) han evidenciado que existen estrategias de afrontamiento que pueden ser predictoras de
riesgo suicida, pues las estrategias centradas en la emoción junto a la evitación y autocritica
pueden ser un indicador de posible riesgo suicida e incrementar la desesperanza y el aislamiento,
mientras que las estrategias centradas en el problema y el apoco social pueden ayudar a reducir la
ideación suicida.
Aunque existen investigaciones que hablan sobre las estrategias de afrontamiento y riesgo
suicida, se evidencia un escaso número de proyectos que relacionan estas dos variables con
estudiantes universitarios, diferentes estudios mencionan como factores mantenedores a las
limitaciones socioeconómicas y el estigma social que rodea a esta problemática por lo esto puede
influir en el uso adecuado de las estrategias de afrontamiento (Paramo & Herrera, 2022).
Investigaciones previas han demostrado que existen múltiples tipos de estrategias de
afrontamiento, según el autor o la teoría, sin embargo, todas comparte un factor en común, se
enfocan en como el individuo maneja el estrés y desafíos en la vida. Usualmente estas se agrupan
en dos, afrontamiento centrado problema, se centra en actuar ante la situación percibidas como
desafiantes y el afrontamiento orientado a la emoción, busca la autorregulación ante la crisis
estresante, para mitigar el impacto emocional de la crisis (Bonilla & Tobar, 2023; Flórez et al.,
2020; Theodoratou et al., 2023). Cabe mencionar que varios autores han propuesto una tercera
categoría, el estilo evitativo, que implica la evitación de situaciones abrumadoras con el fin de
aliviar las emociones y evitar el problema. Este estilo es asociado con el uso de alcohol, otras
drogar y el humor como mecanismo de evitación (Al khawaldeh et al., 2023; Carver et al., 1989;
Freire et al., 2020; Sawhney et al., 2020; Tacca & Tacca, 2019).
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En los últimos diez años se ha abordado desde diferentes teorías sobre el estilo de
estrategias de afrontamiento y su relación con el género, Theodoratou et al. (2023) mencionan
que, la estrategias centras en las emociones y la evitación son usualmente utilizadas por mujeres,
mientras que el afrontamiento centrado en el problema suele ser utilizado por hombres, estas
diferencias suelen ser moderadas sin embargo siguen siendo significativas; así mismo se ha
encontrado relación entre las estrategias de afrontamiento y el autoestima, (Graves, Hall, Dias-
Karch, Haischer, & Apter, 2021) menciona que las estrategias de afrontamiento positivas están
vinculadas a un mayor autoestima, mientras que las estrategias de afrontamiento pasivas se ven
relacionada a un menor autoestima, por lo que, por lo que estas personas tienden a presentar menor
bienestar percibido.
Se ha demostrado actualmente que las estrategias de afrontamiento pueden ser predictoras
de riesgo o ideación suicida, estudios realizados a alumnos de educación superior iranies
mencionan que las estrategias relacionadas con el afrontamiento ineficaz y evitativo tienen una
relación positiva con el riesgo suicida, de igual manera existe una correlación entre el riesgo
suicida y las estrategias de afrontamiento emocional siendo un predictor de vulnerabilidad,
mientras que las estrategias de afrontamiento centradas en el problema previene el riesgo suicida
(Emad & Hadianfard, 2019; Rohani & Esmaeili, 2020). Esto se debe a que las habilidades
deficientes para afrontar y resolver problemas aumentan el riesgo suicida (Okechukwu, et al.,
2022).
A pesar de las diversas fuentes de información y campañas sobre la prevención del
suicidio por parte de organizaciones mundiales e instituciones de salud pública, este sigue siendo
una de las principales causas de muerte a nivel global. La Organización Mundial de la Salud
(OMS, 2021) informa que el suicidio fue la cuarta causa de muerte más común entre personas de
15 a 29 años en 2019, antes de la pandemia de COVID-19. Además, se ha identificado que cada
año mueren más personas por suicidio que por enfermedades transmisibles, cáncer, guerra u
homicidio. Según datos de la OMS (2021), en 2019 más de 700,000 personas se suicidaron, lo
que equivale a que 1 de cada 100 muertes a nivel global fue por esta causa. Sin embargo, esta
cifra podría ser aún mayor, ya que en diferentes países las causas de defunción no siempre son
claras o transparentes, lo que limita la precisión de los informes.
En la región de las Américas, el suicidio es una de las causas de muerte más comunes,
ubicándose como la 21ª causa de mortalidad según el informe de la organización Panamericana
de la salud (OPS, 2021). En América Latina y el Caribe, el suicidio ocupa el puesto 25º en el
ranking de causas de muerte. En Ecuador, específicamente, el suicidio es la tercera causa de
muerte más común entre personas de 18 a 29 años y también entre aquellos mayores de 70 años.
Según el último análisis del "Registro Estadístico de Defunciones Generales de 2022" del (INEC)
de Ecuador (2023), se identificó al suicidio como la tercera causa de muerte entre los jóvenes de
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18 a 29 años, con 413 defunciones (6,8%), siendo la mayoría de estos casos en la región costa del
país.
Según en investigaciones en Latinoamérica se ha encontrado que en Colombia en el
primer semestre del año se registraron 11,411 suicidios consumados, mientras que en Honduras
entre el 2015 y 2020 se registraron 2.274 muertes por suicidio, las cifras de México son consideras
las más altas pues entre el 2012 y 2016 se presentaron 30.591 (Cañón et al., 2024; Dávila-
Cervantes, 2019; Landa-Blanco et al., 2022).
Según el estudio de Lapo et al. (2022) sobre la tasa de suicidio en ecuador, menciona que
los adultos jóvenes de 20 a 39 años representan el 45.1% de la mortalidad por suicidio, cabe
destacar que las personas que residen en zonas urbanas representan el 71.3 de los casos, este
estudio se realizó con una muestra poblacional de 10.330 ecuatorianos desde el año 2011 hasta
2020 que coincidieron en dos periodos críticos para la población.
En cuanto a investigaciones previas en Ecuador el Ministerio de Salud Pública (2021) ha
identificado que en los últimos 30 años el índice de mortalidad por suicidio se ha incrementado
al 56%, así mismo menciona que el grupo etario con mayor prevalencia en el sector urbano es de
25 años mientras que en las zonas rurales se concentra más en menores de edad, por otro lado, el
Servicio integrado de seguridad ECU 911 en 2021 menciona que se reportaron 357 intentos de
suicidio y se consumaron 194 en la primera mitad del año, mientras en 2023 se reportaron 331
emergencias y 672 intentos autolíticos. (Servicio Integrado de Seguridad ECU 911, 2023), estos
datos sobre la tasa de mortalidad e intentos suicidan varían dependiendo de la región y provincia
sin embargo se considera a la sierra y la amazonia como las tasas más altas en cuanto a suicidio
en la zona urbana colocando a Bolívar, Pastaza y Tungurahua entre los más prevalentes pues
presentan una tasa de riesgo de 18 por 100.00 habitantes considerado el doble o más que la región
costa o insular. (Ministerio de Salud Pública del Ecuador, 2021)
Por lo tanto, a pesar de la existencia de una base de datos de investigaciones similares de
las variables planteadas se ha identificado que en el contexto Ecuatoriano son escasas, este trabajo
tiene como hipótesis explorar si las estrategias de afrontamiento influyen en el riesgo suicida de
los estudiantes universitarios, por lo cual, los objetivos son, a) analizar las estrategias de
afrontamiento, b) identificar el riesgo suicida y c) comparar las estrategias de afrontamiento y
riesgo suicida en estudiantes universitarios según el género.
MATERIALES Y MÉTODOS
Diseño
El estudio comprende un diseño no experimental, de tipo cuantitativo con alcance
descriptivo y correlacional, y de corte alcance transversal. En este diseño de investigación no se
manipularon las variables, solo se realizó una observación y análisis de cómo se presentan estas
variables en la población universitaria con el objetivo de identificar la relación entre estrategias
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de afrontamiento y riesgo suicida mediante la recolección de datos en un único momento
(Hernández & Mendoza, 2000).
Instrumentos
Inventario de estrategias de afrontamiento fue creado por Tobin, Holroyd, Reynolds y
Kigal, 1989. Y Adaptación por Cano, Rodríguez y García, 2007. Instrumento psicológico
encargado de evaluar los diferentes tipos de estrategias en situaciones estresantes, eta compuesta
por 40 ítems de tipo Likert, (0) en absoluto; (1) un poco; (2) bastante; (3) mucho y (4) totalmente,
este instrumento presenta adecuadas propiedades psicométricas con una consistencia interna entre
0,63 y 0,89 (Cano, Rodriguez, & Garcia, 2007).
Las estrategias evaluadas se clasifican en tres escalas, la primera se encuentra compuesta
de ocho escalas (Resolución de problemas, autocrítica, expresión emocional, pensamiento
desiderativo, apoyo social, reestructuración positiva, evitación de problemas y retirada social), en
cuanto a la segunda escala está formada por la agrupación de las áreas antes mencionada que
conforman cuatro escalas secundarias: manejo adecuado centrado en el problema (resolución de
problemas y reestructuración positiva), manejo adecuado centrado en la emoción(apoyo social y
expresión emocional), manejo inadecuado centrado en el problema (evitación de problemas y
pensamiento desiderativo), manejo inadecuado centrado en la emoción (retirada social y
autocritica). Ultimo las dos escalas terciarias de la agrupación de las segundas: manejo adecuado
que indica un afrontamiento de tipo activo y adaptativo, y manejo inadecuado indicando
afrontamiento de tipo pasivo y desadaptativo (Andreo et al., 2020; García, 2022).
Escala de riesgo suicida de Plutchik, desarrollada en 1989 y adaptada por Rubio et al.,
1998, con un alfa de Cronbach de 0.90, esta escala evalúa intentos autolíticos previos, intensidad
de la ideación suicida actual, sentimientos de depresión, desesperanza y otros (Suárez, Palacio,
Caballero, & Pineda, 2019). Consta de 15 ítems, conformada de dos factores: riesgo suicida con
los ítems 13, 14, 15 y depresión con los ítems 2, 3, 6, 8, 9 y 10 (Palate & Vásquez de la Bandera,
2023). Con opciones de respuestas dicotómicas, donde si equivale a1 punto y no a 0, como punto
de corte de toma puntuaciones de 6 o mayor, a mayor puntaje mayor riesgo suicida (Carrera &
Vargas, 2023).
Participantes
Se contó con la participación de 150 estudiantes universitarios, distribuidos de la
siguiente forma: 68,7% mujeres y 31.3% hombres con una media de edad de 24,83
correspondientes a la carrera de psicología clínica de tercero a octavo semestre, quienes estudian
en la modalidad virtual y presencial de una universidad privada de la Zona 3 en Ecuador. Además,
se consideraron los criterios de inclusión: a) Mayores de 18 años, b) Haber aceptado el
consentimiento informado; c) No tener ninguna condición médica o psicológica que afectara el
desempeño de la evaluación; d) Estar legalmente inscrito tercer semestre en adelante. De igual
forma los criterios de exclusión fueron: a) menores de 18 años; b) estudiantes de primer y segundo
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semestre; c) quienes tengan alguna condición médica o psicológica que pudiera afectar el
desenvolvimiento de la prueba. En cuanto a la ficha sociodemográfica se identificó que el 82%
de la población reside en la zona urbana mientras que el 18% en la zona rural; el 88% de la
población son solteros, el resto casados, viudos, divorciados y en unión de hecho.
Procedimiento
Esta investigación se llevó a cabo con la debida aprobación del tribunal de la universidad
nacional de Chimborazo y consejo de bioética, así mismo la correspondiente autorización por
parte de la universidad participante tras la entrega y socialización del plan de investigación, con
respecto a los reactivos aplicados se evaluó mediante Google forms, el cuestionario estuvo abierto
desde el 8 hasta el 26 de agosto del 2024 , se difundió el link mediante plataformas virtuales, este
cuestionario estuvo conformado por cuatro secciones, la primera donde se introduce al estudiante
al tema de investigación y sus objetivos así como al consentimiento informado en el que se aclara
la confidencialidad del estudio y su participación voluntaria en el estudio, la segunda fue la
sección de la ficha sociodemográfica, tercera y cuarta contenía los reactivos psicológicos a
evaluar.
RESULTADOS
Análisis de datos
Para el análisis de datos, se empleó el software SPSS.25, complementado con técnicas de
estadística inferencial. Se llevaron a cabo diversos análisis, incluyendo análisis descriptivos que
detallaron medidas de tendencia central como la media, mediana, moda, así como los valores
mínimo y máximo, la desviación estándar, la asimetría y la curtosis. Además, se realizaron
análisis de prevalencia relacionados con habilidades de afrontamiento y riesgo suicida. Se
efectuaron correlaciones entre variables y se llevaron a cabo pruebas para identificar diferencias
estadísticamente significativas. Luego se procedió a aplicar la prueba de normalidad de
Kolmorogov-Smirnov, para determinar que prueba estadística corresponde según la distribución
de las mismas, paramétricas o no paramétricas. Luego para los análisis de correlación se utilizaron
las pruebas de Rho de Spearman, mientras que para los análisis comparativos se utilizó la U de
Mann-Whitney
Resultados
En relación con las estrategias de afrontamiento de encontró que los estudiantes
universitarios tienden a utilizar con mayor frecuencia retirada social con el 23,3% (n = 35) seguido
por apoyo social correspondiente al 19.3% (n = 29); asimismo, autocritica y pensamiento
desiderativo con el 13,3% cada uno (n = 20), posteriormente, se identificó restructuración
cognitiva con 11,3% (n = 17) en orden de frecuencia, le sigue evitación de problemas con el 7,3%
(n = 11),por último, se observó que resolución de problemas con el 5.3% (n = 8).
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Tabla 1
Estrategia Predominante
Estrategias
f
%
Resolución de Problemas
8
5,3
Autocritica
20
13,3
Expresión emocional
10
6,7
Pensamiento desiderativo
20
13,3
Apoyo social
29
19,3
Restructuración cognitiva
17
11,3
Evitación de problemas
11
7,3
Retirada social
35
23,3
Total
150
100,0
Nota: f= frecuencia; %= porcentaje
Los puntajes medios de las dimensiones evaluadas muestran una variabilidad en las
habilidades de afrontamiento de los participantes. La dimensión de Resolución de Problemas
tiene la media más alta (10.66), indicando que los participantes tienden a emplear esta estrategia
con frecuencia, aunque la amplia desviación estándar (5.188) sugiere una considerable
variabilidad en cómo se aplica esta habilidad. Pensamiento Desiderativo también presenta una
media relativamente alta (10.33), lo que sugiere que los participantes frecuentemente recurren a
este tipo de pensamiento. Por otro lado, dimensiones como Expresión Emocional (8.85) y Apoyo
Social (8.55) tienen medias menores, lo que podría indicar que estas estrategias son menos
utilizadas en comparación con la resolución de problemas o el pensamiento desiderativo. Las
dimensiones de Autocrítica y Evitación de Problemas tienen medias similares (9.41 y 8.58,
respectivamente), mostrando que los participantes a menudo recurren a la autocrítica y la
evitación, a pesar de que estas estrategias pueden no ser tan efectivas a largo plazo. Finalmente,
Retirada Social (9.05) presenta una media moderada, sugiriendo una tendencia a usar el
aislamiento como una forma de afrontamiento.
Tabla 2
Análisis descriptivos de las estrategias de afrontamiento por dimensiones
Dimensiones
Media
Moda
D.E
Máx.
Mín.
Resolución de
Problemas
10,66
9
5,188
0
20
Autocrítica
9,41
9
5,215
0
20
Expresión
Emocional
8,85
8
5,118
0
20
Pensamiento
Desiderativo
10,33
6
5,451
0
20
Apoyo Social
8,55
5
5,527
0
20
Restructuración
Cognitiva
9,67
6
4,922
0
20
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Evitación de
problemas
8,58
5
4,351
0
20
Retirada Social
9,05
8
5,168
0
20
Nota: D.E: desviación estándar; Max: máximo; Min: mínimo.
La tabla 3, se aprecia los niveles de riesgo suicida, siendo 53,3% (n = 80) correspondiente
a sin riesgo el que predomina, seguido del 34,7% (n = 52) en niveles de riesgo leve, luego el 9,3%
(n = 14) presentaron un riesgo moderado, finalmente el 2,7% (n = 4) con riesgo alto, se infiere
entonces que la mayor parte de estudiantes universitarios no presentan riesgo suicida
significativo.
Tabla 3
Nivel riesgo suicida
Dimensiones
f
%
Sin riesgo
80
53,3
Riesgo leve
52
34,7
Riesgo moderado
14
9,3
Riesgo alto
4
2.7
Total
150
150
De acuerdo con el análisis estadístico presentado en la Tabla 4, el valor de significación
asintótica es de 0.408, lo que resulta en un p-valor superior a 0.05. Esto indica que no hay una
relación estadísticamente significativa entre las estrategias de afrontamiento y el sexo de los
participantes. En otras palabras, las diferencias en las estrategias de afrontamiento empleadas no
se pueden atribuir de manera confiable al género, ya que la variabilidad observada en las
estrategias de afrontamiento no difiere de manera significativa entre hombres y mujeres. La falta
de asociación sugiere que, en el contexto de este estudio, el sexo no es un factor determinante en
el tipo de estrategias de afrontamiento utilizadas.
Tabla 4
Prueba de los estadísticos comparativos entre estrategias de afrontamiento y sexo
Estrategia predominante
U de Mann-Whitney
2219,000
W de Wilcoxon
7575,000
Z
-,828
Sig. asintótica (bilateral)
,408
Nota: Variable de agrupación: Sexo
Con base en las pruebas no paramétricas presentadas en la Tabla 5, se observa una
significación asintótica de 0.201, lo que indica que el p-valor es mayor a 0.05. Esto significa que
no se detectan diferencias estadísticamente significativas entre el sexo y el riesgo suicida. En otras
palabras, el riesgo suicida no varía de manera significativa en función del género de los
participantes, sugiriendo que las diferencias en los niveles de riesgo suicida no están relacionadas
con el sexo. Esta falta de asociación implica que el riesgo suicida es una preocupación que afecta
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a ambos géneros de manera similar en este contexto, y las intervenciones para abordar el riesgo
suicida deben ser diseñadas sin hacer distinción basada en el sexo.
Tabla 5
Prueba de los estadísticos comparativos entre riesgo suicida y sexo
Nivel riesgo suicida
U de Mann-Whitney
2137,500
W de Wilcoxon
3265,500
Z
-1,277
Sig. asintótica (bilateral)
,201
Nota: Variable de agrupación: Sexo
Finalmente, el análisis correlacional presentado en la Tabla 6 muestra un coeficiente de
correlación de Rho de Spearman de 0.087, lo que indica una correlación negativa muy débil entre
las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida. Este valor sugiere que las estrategias de
afrontamiento tienen una influencia mínima sobre el riesgo suicida. Además, el nivel de
significancia obtenido es de p=0.292, que es mayor que el umbral de p<0.05. Esto significa que
la correlación observada no es estadísticamente significativa, lo que permite aceptar la hipótesis
nula. En otras palabras, no se evidencia una relación significativa entre las estrategias de
afrontamiento y el riesgo suicida en la muestra estudiada, lo que implica que las diferencias en
las estrategias de afrontamiento no afectan de manera significativa el nivel de riesgo suicida.
Tabla 6
Correlación
Estrategia
predominante
Nivel riesgo
suicida
Rho de
Spearman
Estrategia
predominante
Coeficiente de correlación
1,000
,087
Sig. (bilateral)
.
,292
N
150
150
Nivel riesgo
suicida
Coeficiente de correlación
,087
1,000
Sig. (bilateral)
,292
.
N
150
150
Nota: elaboración propia
DISCUSIÓN
El hallazgo de que las estrategias de afrontamiento no influyen significativamente en el
riesgo suicida puede explicarse considerando que, aunque las estrategias de afrontamiento son
herramientas útiles para gestionar el estrés y las dificultades emocionales, su efectividad puede
depender de otros factores moderadores como la severidad del trastorno mental, la presencia de
apoyo social, o factores biológicos y genéticos subyacentes. Además, algunas de estas, aunque
consideradas adaptativas, podrían no ser suficientes para reducir el riesgo suicida en individuos
que enfrentan altos niveles de desesperanza o comorbilidades psiquiátricas graves. Este resultado
es consistente con la investigación de Okechukwu et al. (2022), que también encontró que las
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estrategias de afrontamiento no presentan una relación significativa como predictor del riesgo
suicida, argumentando aspectos más asociados a cuestiones de salud mental y sus afectaciones.
En contraste, Liang et al. (2020) sugieren que el nivel de riesgo suicida varía según la
estrategia de afrontamiento predominante, con las estrategias más adaptativas asociadas a un
menor riesgo suicida. Este contraste con los hallazgos de la presente investigación podría
explicarse por diferencias en las características de las muestras o por la interacción con otros
factores contextuales no controlados, como el apoyo social o el grado de cronicidad de los
problemas emocionales. Mientras que las estrategias adaptativas pueden mitigar algunos factores
de riesgo, su impacto puede diluirse en situaciones donde otros determinantes del riesgo suicida,
como la presencia de trastornos psiquiátricos graves o el aislamiento social, predominan, lo que
limita la capacidad de las EA para reducir significativamente el riesgo en algunos casos.
Bajo esta misma línea, Lew et al. (2019) encontraron que solo algunas estrategias de
afrontamiento muestran una débil correlación con el riesgo suicida, lo que coincide con los
hallazgos de esta investigación. Aunque los resultados no reflejan una asociación significativa
entre las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida, es fundamental tener en cuenta que la
literatura en América Latina, y específicamente en Ecuador, es limitada en este ámbito. Esta falta
de estudios regionales podría sugerir que la efectividad de las habilidades de afrontamiento podría
estar influenciada por factores culturales, económicos o sociales específicos de la región, lo que
subraya la necesidad de realizar más investigaciones locales para comprender mejor estas
dinámicas en contextos diversos.
En otras regiones, como Medio Oriente, diversas investigaciones han encontrado
correlaciones entre las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida. Por ejemplo, Emad y
Hadianfard (2019) identificaron una asociación positiva entre el riesgo suicida y la autocrítica,
mientras que la resolución de problemas se asoció negativamente con dicho riesgo. Estos
hallazgos, que coinciden con el estudio de Rohani y Esmaeili (2020), subrayan cómo ciertas
estrategias pueden exacerbar o mitigar el riesgo. Sin embargo, es importante considerar que estos
resultados están influenciados por factores culturales y contextuales propios de la región, lo que
podría explicar las diferencias observadas respecto a otras zonas geográficas, donde las estrategias
de afrontamiento pueden tener diferentes efectos sobre el riesgo suicida.
En relación con las estrategias de afrontamiento, los hallazgos de esta investigación
muestran una similitud con estudios previos que reportan la resolución de problemas como la
estrategia más utilizada por los estudiantes universitarios. Este resultado se alinea con el estudio
de Masapanta y Núñez (2023), quienes también confirman que la resolución de problemas es una
de las estrategias preferidas por los estudiantes en contextos de alto estrés. Esto sugiere que, ante
las demandas académicas y personales, los estudiantes tienden a emplear estrategias proactivas y
orientadas a la solución, lo cual podría estar relacionado con su etapa de desarrollo y con las
exigencias específicas del entorno educativo.
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Sin embargo, es relevante destacar que otros estudios, como los de Pardo y González
(2019) y Rodríguez et al. (2020), señalan que, aunque la resolución de problemas es una estrategia
prominente, su prevalencia puede variar, siendo a menudo la segunda estrategia más utilizada
después de la reestructuración cognitiva. Esta variabilidad en los datos sugiere que, aunque la
resolución de problemas es común entre los estudiantes, otras estrategias de afrontamiento, como
la reestructuración cognitiva, también desempeñan un papel crucial en la manera en que enfrentan
el estrés y las dificultades. Este panorama diverso refuerza la idea de que el afrontamiento no
depende de una única estrategia, sino de un repertorio amplio que los individuos seleccionan
según la situación.
En relación con el riesgo suicida y su asociación con el sexo, los resultados revelan que,
aunque las mujeres parecen estar más asociadas con un mayor riesgo suicida en comparación con
los hombres, las diferencias no alcanzan significación estadística. Este hallazgo es coherente con
el estudio de Gómez et al. (2019), que también encontró que, aunque el riesgo suicida es más alto
en mujeres, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre los géneros. De
manera similar, González et al. (2024) observaron un comportamiento comparable en ambos
sexos frente al riesgo suicida. Por lo tanto, a pesar de que en la presente investigación el riesgo
suicida parece ser más prevalente en mujeres, no se encontró suficiente evidencia estadística para
establecer diferencias claras entre los géneros, lo que sugiere que el riesgo suicida podría estar
influenciado por factores comunes a ambos sexos, más allá del género.
Limitaciones
Una de las principales limitaciones de esta investigación fue el acceso restringido a la
población evaluada, lo que resultó en una muestra no homogénea y reducida. Esta falta de
homogeneidad podría haber influido en los resultados, impidiendo una mayor generalización de
los hallazgos a otras poblaciones. Además, no se incluyeron análisis comparativos entre diferentes
contextos clínicos o demográficos, lo que limita la comprensión de cómo las estrategias de
afrontamiento pueden variar según variables sociodemográficas, como la residencia o el nivel
socioeconómico. Otra limitación fue la naturaleza auto informada de los datos, lo que puede haber
introducido sesgos en las respuestas. Finalmente, la falta de inclusión de otras variables
moderadoras importantes, como comorbilidades psiquiátricas, podría haber reducido la capacidad
de captar relaciones más complejas entre las estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida.
Prospectiva
Para estudios futuros, sería recomendable contar con una muestra más amplia y
homogénea que permita una mayor generalización de los resultados y la identificación de patrones
más claros. Sería significativo realizar comparaciones entre poblaciones clínicas y no clínicas, así
como incluir variables adicionales como la residencia urbana o rural y el nivel socioeconómico,
que podrían influir en la elección de estrategias de afrontamiento y el riesgo suicida. Asimismo,
profundizar en la relación entre las estrategias de afrontamiento y otras variables moderadoras,
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como la presencia de trastornos psiquiátricos o el acceso a redes de apoyo social, podría ofrecer
una comprensión más integral. Incluir herramientas de evaluación objetiva o de seguimiento
longitudinal también contribuiría a reducir el sesgo de los datos auto informados, ofreciendo una
imagen más precisa y detallada de los procesos implicados en el riesgo suicida.
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CONCLUSIONES
Los resultados obtenidos de esta investigación muestran que en la población evaluada no
existe una correlación entre el riesgo suicida y las estrategias de afrontamiento, es así que, aunque
las EA son parte importante en el proceso de la ideación suicida por si solas no son predictoras
de riesgo suicida.
En el presente estudio se identificó que el 88% de la población no reporta un riesgo
(ausente y leve) y a su vez presentan un equilibrio entre las estrategias de afrontamiento centrados
en el problema y en la emoción, sin embargo, se observó que las estrategias de afrontamiento que
más utilizan son aquellas centradas en la emoción, esto se puede explicar por qué no existe
homogeneidad en la muestra evaluada.
A pesar de que diferentes investigaciones señal al sexo como un predictor de riesgo
suicida, en la presente investigación no existe una correlación positiva entre estas dos variables,
sin embargo, se identificó, aunque no exista una diferencia significativa las mujeres presentan
más riesgo suicida en relación a los hombres.
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