Vol. 11/ Núm. 2 2024 pág. 3599
INTRODUCCIÓN
La pandemia de COVID-19 transformó profundamente la manera en que las sociedades
enfrentan emergencias sanitarias de gran escala, exponiendo tanto las fortalezas como las
vulnerabilidades de los sistemas políticos, económicos y sociales a nivel mundial (ONU, 2020).
En América del Sur, la crisis sanitaria intensificó desigualdades históricas y desafió la capacidad
de las instituciones estatales para responder a las demandas de una población altamente afectada
por el impacto del virus. En este contexto, las fuerzas armadas de la región asumieron un rol
central, ampliando sus funciones tradicionales hacia áreas de logística sanitaria, seguridad pública
y mitigación de la crisis, convirtiéndose en un soporte crucial para los sistemas de salud y las
estrategias gubernamentales (Foladori y Delgado, 2020).
Bolivia, Brasil, Chile y Perú ofrecieron respuestas distintas, profundamente influenciadas
por sus contextos políticos, sociales y económicos específicos. En Bolivia, la postergación de
elecciones exacerbó tensiones sociales y políticas, requiriendo la intervención militar tanto para
la contención de conflictos como para brindar apoyo logístico. En Brasil, la polarización política
condicionó la percepción de la pandemia, mientras que las fuerzas armadas asumieron un rol
técnico clave en la distribución de recursos esenciales, aunque con limitaciones derivadas de
tensiones institucionales. En Chile, la crisis sanitaria coincidió con un período de protestas
sociales, llevando a las fuerzas armadas a centrarse en el mantenimiento de la seguridad pública
y la distribución equitativa de recursos. En Perú, el colapso del sistema de salud hizo
indispensable una intervención militar contundente, que incluyó la construcción de hospitales
temporales y el traslado de pacientes críticos, mitigando los efectos más devastadores de la
pandemia (CELAG, 2016; Battaglino, 2015).
El marco teórico de esta investigación se fundamenta en el análisis de políticas comparadas
y la gestión de crisis. Estas perspectivas permiten examinar cómo las fuerzas armadas equilibraron
sus funciones tradicionales de defensa y seguridad con roles emergentes en la gestión de desastres
y crisis sanitarias. Este enfoque resulta relevante no solo para comprender las acciones específicas
durante la pandemia, sino también para plantear preguntas cruciales sobre la adaptabilidad de las
instituciones militares a nuevos desafíos, manteniendo al mismo tiempo los principios
democráticos y la confianza ciudadana.
El objetivo principal de este estudio es comparar las respuestas de las fuerzas armadas en
los países mencionados, identificar patrones y diferencias en sus estrategias, y evaluar el impacto
de sus intervenciones en la estabilidad social y política de la región. También se busca extraer
lecciones aprendidas que permitan formular recomendaciones prácticas para mejorar la
coordinación entre sectores civiles y militares en futuras emergencias. Esto incluye proponer
estrategias que fortalezcan las capacidades logísticas, la colaboración interinstitucional y la
gestión eficiente de recursos en situaciones de crisis.